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Dicen que corrÃa la frÃa noche del 2 de enero del año 40 de nuestra era cuando se hallaba Santiago Zebedeo en compañÃa de ocho de sus discÃpulos a orillas del rÃo Ebro, junto a la joven, pero ya importante, ciudad romana de Caesaraugusta. Fue entonces cuando, “oyó voces de ángeles que cantaban Ave, MarÃa, gratia plena, y vio a la Virgen, de pie, sobre un pilar de mármol.” La Señora, que aún se encontraba en este mundo, pidió al Apóstol que se le construyese allà una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie y prometió: “permaneceré en este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio”. Cuando la Virgen se retiró de su vista, allà quedó el Pilar en torno al cual se construyó una iglesia y que dio origen a la primera advocación mariana, aún en vida de Nuestra Señora.
“Permaneceré en este sitio hasta el fin de los tiempos…”. Porque lo sabemos, Señora, te imploramos hoy, una vez más, por esta tierra que, un dÃa y para siempre, te dignaste visitar. Por nuestra querida Nación, España, por nuestros hermanos del mundo hispanoamericano, por todos aquellos españoles repartidos por el mundo y por todas las personas de bien, sea cual sea su origen, que aprecian y respetan a nuestra Patria. Asà sea.
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