¡NO QUEREMOS PAZ, SINO VICTORIA!

No me resisto a publicar esta carta que escribió hace unos meses una buena amiga y que publicó, remarcada, el diario ABC del pasado 15 de enero. En la red ha subido a decenas de blogs, en alguno de los cuales ha sido leída ya miles de veces. Les dejo con ella.

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Nunca una palabra tan hermosa, tan llena de contenido y tan profundamente cristiana había sido tan manipulada, manoseada… diría yo que prostituida. Cualquiera con una mínima capacidad de análisis conoce perfectamente a estas alturas la hipocresía que se esconde tras las proclamas de los colectivos pacifistas, esas que empezaron a oler a rancio al día siguiente del desplome del muro de Berlín. Más tarde, la palabra “paz” ha sido utilizada con un lenguaje más subliminal, pero igualmente falso. No tenemos más que observar la actitud mezquina y cobarde de un importante sector de la opinión pública occidental, principalmente europea, respecto del terrorismo islamista, que con sus bravuconadas está provocando una especie de “síndrome de Estocolmo” en nuestra sociedad hasta límites que resultan nauseabundos. También llevamos tiempo escuchando la palabra “paz” para referirse al fin del terrorismo de ETA, adornada con otras como “diálogo” o, en el mejor de los casos, “fin de la violencia”. Realmente no es paz lo que se pide cuando se corean eslóganes con estas palabras. Se está pidiendo a un grupo terrorista que deje de matar, pero que puede seguir existiendo mientras que, a cambio, se le ofrecen todo tipo de concesiones que, al final, no se podrán cumplir por ilegítimas.Entérense de una vez. Somos millones los españoles –y extranjeros residentes en España, que han sufrido ya la zarpa terrorista- que nos sentimos más valientes que nunca para gritar que no queremos la paz que pregonan algunos. Queremos la victoria del bien sobre el mal, del orden sobre el desorden, de la democracia sobre la dictadura separatista, de España sobre el terrorismo de cualquier signo, con todas las armas legales de que dispone un Estado de Derecho y no con cobardes claudicaciones que sólo traerán más terror e indefensión. Esa es la paz que queremos. La paz que es consecuencia de la lucha. La verdadera paz que resulta de la legítima victoria. De esa victoria que tenemos el deber moral de alcanzar. Más de mil muertos nos lo demandan ahora. Que Dios no nos lo demande un día.

Lourdes Boado Ororbia FERROL (La Coruña)

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