Mástiles desnudos

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Ha saltado de nuevo a la polémica el incumplimiento reiterado de buen número de las instituciones vascas, navarras y catalanas al izado de las banderas oficiales, con el único objeto de evitar que la bandera nacional ondee en los balcones de sus edificios. Lo cierto es que la polémica no es nueva, porque tampoco lo es la resistencia al cumplimiento de una ley que data ya de 1981 y que, por tanto, ha visto pasar Gobiernos de diferente signo.          Para soslayar la ley se han adoptado todo tipo de soluciones: izar tan sólo la bandera del municipio, no izar ninguna –la más común- o, incluso, retirar los mástiles con diferentes excusas. Incluso alguien ha argumentado en defensa de esa actitud que los balcones vacíos de banderas son una muestra de respeto hacia diferentes formas de pensar. Así es: todo merece respeto, salvo la Ley. De poco sirve que el Tribunal Supremo se haya pronunciado con rotunda claridad o que la gran mayoría del pueblo español se haya mostrado favorable a la coexistencia pacífica de las cuatro banderas –la nacional, la autonómica, la de la Unión Europea y la municipal- en nuestros edificios oficiales. El miedo en todas sus formas –que son muchas- tiene un tremendo poder. Conocemos muchos y tristes ejemplos.Nos ha tocado vivir en una de las constitucionalmente llamadas Comunidades históricas, con lengua propia. A la suerte de vivir en Galicia –y la que muchos tenemos de ser gallegos- tenemos que añadir el estar inmersos en una sociedad que comprende perfectamente –iluminados aparte- cuál es su identidad. Aquí no hay polémica de banderas, nunca la hubo y –me atrevo a asegurar- nunca la habrá. Y no somos ni más ni menos españoles que los vascos o los catalanes, tan europeos como los alemanes y tan amantes de nuestra tierra como el que más.El gallego es muy amante de sus tradiciones, de todo lo suyo. De todo. Tal vez sea esta nuestra grandeza; la razón de tantas lágrimas derramadas en esperanzados adioses que fueron para siempre y, los más afortunados, en la alegría del reencuentro. Aquí las polémicas por las lenguas o los símbolos tienen siempre su acomodo en la madurez del pueblo gallego.Aquí no habrá nunca mástiles desnudos. Aquí, simplemente, sabemos quiénes somos.

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