El Gran Capitán

Si a algún personaje es de justicia reservarle un puesto de honor en este blog de nuestros Tercios es a Don Gonzalo, el Gran Capitán. Al fin y al cabo, es más antiguo en el escalafón que Alejandro Farnesio -ya saben, el del perfil-, Don Fernando -III Duque de Alba-, Don Antonio de Leiva -el del asedio de Pavía, cuya batalla ilustra la cabecera de este blog- o Don Juan de Austria, el héroe de Lepanto.

El historiador y escritor Juan Granados nos acerca de nuevo a la novela histórica de calidad con este personaje singular que bien merecía una obra digna de su valía humana.

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El Gran Capitán
Juan Granados
Editorial EDHASA. 2006. 640 páginas.

 

Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán (1453-1515), es uno de los grandes mitos de la historia de España, y sin duda uno de los más enigmáticos. Juan Granados se centra sobre todo en sus campañas militares en Italia (asedio en Barletta, batallas de Ceriñola y del Garigliano…), en sus relaciones con sus hombres, con los Reyes Católicos, con sus amantes e incluso con sus enemigos, para relatar también los antecedentes (sus primeras armas en Granada, durante las batallas de la llamada Reconquista) y muestra la apasionante trayectoria de este innovador en tácticas militares (novedoso empleo de la infantería, especialmente), para finalmente explorar las circunstancias que le llevaron a caer en desgracia antes los monarcas españoles y a retirarse a su Andalucía natal.

El resultado es un completo y colorista retrato no sólo de un hombre fascinante y lleno de recovecos, sino también de un momento crítico de nuestra historia. La pericia en la narración de acciones, la solidez de los personajes y el talento para captar el espíritu de una época que tanto destacó la crítica en la primera novela de Juan Granados, “Sartine y el caballero del punto fijo”, vuelven a brillar aquí con toda su intensidad. Y no sólo eso, pues recrea, con sentido al humor, al perfil humano de este gran hombre de nuestra historia:

Pocos de los que le rodeaban entendían aquella capacidad suya para mantenerse sereno y confiado ante el mayor de los contratiempos, de joven había pasado por imbécil al sostener contra viento y marea aquella vital actitud. Aun así, él se empeñaba en seguir citando cada día a la buena providencia. O en su actitud con las mujeres bonitas: Una especie de orden atávico de compleja explicación le obligaba a anchear los hombros y a mover con diligencia sus piernas de modo que pudiese impedir que cualquiera de los que le rodeaban se acercase a hablar con la dama antes que él, por el directo método de mostrarles indefectiblemente la espalda, hiciesen lo que hiciesen.

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Una respuesta

  1. […] también a La Cazoleta del Arcabuz esa página admirable regentada por el viejo Alejandro Farnesio, nada […]

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