Miserables

Una buena amiga me remite la carta que, gustoso, transcribo a continuación. Sólo me resta añadir: ¡Viva la Guardia Civil!

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Una vez más, la banda terrorista ETA ha actuado. En esta ocasión, no ha sido como ya nos tenía acostumbrados, jugando al ratón y al gato, sino que ha actuado de verdad, a la vieja y macabra usanza: el cobarde tiro en la nuca que asegure su indemnidad. Tal vez porque esta vez querían asegurar el resultado y, desde luego, con total conocimiento de sus objetivos, que no deja de resultar significativo, a estas alturas. Lo que no ha cambiado es la condición de sus víctimas: una vez más, se trata de ejemplares cumplidores del deber, Raúl Centeno, fallecido, y Fernando Trapero, herido muy grave, que se jugaban la vida para librarnos de la lacra terrorista.

Soy hija, nieta, hermana, tía y sobrina de Guardias civiles, y fue un austero cuartel de este benemérito Cuerpo lo primero que vieron mis ojos al nacer, en aquella mi querida tierra vasca. Por ello se agolpan en mi mente y en mi alma tantos sentimientos de orgullo y de dolor contenido, pero también de repulsa –que no odio- hacia tanto miserable que nos rodea. Porque malditos y miserables son todos los asesinos terroristas que continúan golpeando nuestra patria. Pero, por desgracia, no son los únicos.

Miserables son todos aquellos grupos vascos de siglas cambiantes y esquivas que sostienen política y socialmente a la banda terrorista ETA. Quienes contribuyen con su apoyo, sus algaradas o sus recursos económicos al sostenimiento del entramado terrorista. Los que, con fondos públicos, mantienen o sustentan colectivos del entorno de ETA y alientan y fomentan el odio entre los niños y jóvenes vascos.

Miserables todos aquellos –y créanme que son muchos- que hoy se dan golpes de pecho por el atentado contra estos dos Guardias civiles pero durante largo tiempo sonrieron furtivamente o, cuando menos, se encogieron de hombros ante el asesinato de tantos Guardias civiles, ni mejores ni peores que los de ahora, que un día subieron al altar de los héroes.

Miserables, en fin, los que han obtenido, pretenden obtener ahora o buscarán en un futuro alcanzar algún tipo de rédito político con la sangre de un Guardia civil. Y en cambio, todos han merecido, como españoles, el derramamiento de hasta la última gota de la sangre de tantos servidores públicos que fueron fieles a lo que un día juraron.

Me consuela saber que su generosidad será recompensada en lo Alto, donde un nuevo tricornio negro luce desde hoy.

María Dolores Martínez Sarralde

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4 comentarios

  1. tiene más razón que una santa esta señora.

    saludos.

  2. Ya lo creo que sí, Fer. Y más había que decir.
    Un saludo

  3. Las mujeres, las más valientes.

    Hoy he leído un artículo, literatura de alta escuela, vibrante contenido, total acierto en los razonamientos. Lo firma una buena amiga: María Dolores Martínez Sarralde. Acaba con una frase que, en verso, podría contenerse en la Antología Poética de la Lengua Española. No castellana como se empeñan en decir algunos: “En lo Alto brilla un nuevo tricornio”.

    Parece mentira cómo algunos, en general políticos, disfrazan sus sentimientos y se manifiestan ante los medios de comunicación con frases que dicen sin decir, siempre susceptibles de interpretación según quien las oiga o donde las oiga.

    Si creemos en la vida, en la libertad, el estado de derecho y ante todo, en el respeto para con nuestros semejantes, no podemos aceptar el tiro por la espalda, el asesinato cobarde, en ningún caso. Nunca. Ni siquiera en una guerra declarada se admite el tiro en la nuca como método para acabar con el enemigo. Todavía existe un poquito, aunque sea muy poquito, de dignidad.

    Se dice que en vísperas del “Día D” un coronel americano preguntaba a su general “¿De qué parte estará Dios?”. Difícil cuestión que no me atrevo ni a sugerir. Pero, al día de hoy, en una guerra declarada desde un solo lado, donde los atacantes utilizan explosivos, temporizadores, lanzagranadas contra fachadas, mochilas-bomba, y disparos en la nuca contra indefensos y nada advertidos ciudadanos, solo unos descerebrados, infames y nada celestiales entes pueden comprender, apoyar, tolerar o justificar esta clase de guerra.

    Tal vez y muy probablemente, solo pretenden la continuidad de un status social que nos les corresponde ni por méritos ni por entrega ni por una preparación académica o universitaria que garantice su buen hacer en favor de los demás.

    Se trata, más bien, de proteger la moqueta, el coche oficial, los sueldos millonarios y todo ello sin esfuerzo mental o físico alguno. Y si, de paso, se puede utilizar la visa oro del partido en restaurantes, hoteles y otros lugares de esparcimiento y relajo, muchísimo mejor.

    Hoy dicen: “Lucharemos hasta el fin contra esta lacra”. Al único fin que llegaremos será al de nuestra paciencia.

    Hoy aparecen en los medios, unos afines y otros independientes, diciendo: “Pagarán con la cárcel. No hay otro camino que el cumplimiento de penas”.
    En unas horas lo habrán olvidado.

    ¿Será posible que ya no recuerden la tomadura de pelo que hemos padecido con las duchitas cariñosas de De Juana Chaos, los paseos al Sol con su novia, la huelga de hambre a base de jamón cocido y otras delicadezas?

    ¿A qué se refería José Blanco cuando advertía de oscuros intereses en la Manifestación convocada por la Asociación de Victimas del Terrorismo?

    ¿Cómo se puede consentir una manifestación en Bilbao, al día siguiente del asesinato y donde dos etarras, en busca y captura, encabezan a los que piden la independencia del País Vasco y la libertad de sus compañeros terroristas encarcelados?

    ¿Y en Barcelona? El mismo día: “Cataluña no es España” Podían añadir: “Solo queremos sacarles la pasta a los españoles”. ¿Pero quien manda aquí? ¿En manos de quien estamos? ¿No tenemos ninguna clase de vergüenza? ¿Y por qué no puedo entenderme en Lérida en Español? ¿Tengo que aprender catalán para ir más allá de Fraga?

    No espero nada de los políticos. Ya soy muy viejo para creer en historias fantásticas. Van a lo que van y lo malo es que tienen miles de seguidores ovejunos, que creen a pies juntillas cuanto dicen. Un segundo de reflexión, por Dios, solo un segundo pensando, tratando de descubrir si nos están soltando una bola. Las bolas se atragantan. Pueden causar la muerte. En todos los sentidos.

  4. Muchas gracias, José María, por tu valioso comentario acerca de la carta de esa buena amiga común. Vivimos una época de incoherencias en un mundo -una España- cada vez más incoherente.
    Habrá que seguir fomentando la paciencia… la poca que nos va quedando.
    Un abrazo

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