La inmigración no es la solución, la natalidad sí

 14862944916.jpgForumLibertas aporta nuevos datos sobre el problema que tiene España a medio plazo como consecuencia del envejecimiento de la población. El dato es relevante:

Pensiones más sanidad y dependencia alcanzarían en el año 2050 la abrumadora cifra del 20% del PIB debido al envejecimiento de la población y a la falta de natalidad. La inmigración no resuelve ni de lejos el problema.

Las diferencias entre un escenario de inmigración alta y otra baja no alteran la cuestión. Por ejemplo en el 2025 la población de más de 64 años será, con un escenario con poca inmigración, del 21,9%, y del 21% con el escenario de alta. La diferencia solo 9 décimas.

Para hacer frente a este gasto se calcula que sería necesario doblar los actuales impuestos del IRPF y el IVA. Solo hace falta deternerse un momento a pensar qué significa en el ámbito personal el “doblar” para darse cuenta de que esto es absolutamente inviable.

Para hacer frente a esta situación se proponen medidas relacionadas con la Seguridad Social. En síntesis, siempre son las mismas: cobrar más tarde, a los 70 años se habla ya ahora, y cobrar menos porque se contabilizaría todo el periodo de vida laboral y, por tanto, descendería el valor medio aportado en forma de cuota a la Seguridad Social.

La otra medida ortodoxa es que el Estado ahorre ahora, pero seguramente llega tarde. La crisis económica en puertas va a representar una disminución de los ingresos del Estado a la vez que el gasto social comprometido ha crecido de manera notable. No parece realista pensar en grandes ahorros en los próximos años, en todo caso éstos ya se tendría que haber generado, cosa que evidentemente no se ha producido.

Lo curioso del caso es que en este problema del envejecimiento las medidas económicas nunca tienen en cuenta el factor desencadenante, el de la natalidad. La inmigración no resuelve el problema, pero un aumento sustancial de la natalidad, sí.

Si desde ahora se desarrollara una política favorable a la familia y a la descendencia, como la que tienen buena parte de los países europeos como Francia o Noruega, y se incentivara el fin de la cultura antinatalista que impera para volver a celebrar el sentido de la vida, esto cambiaría substancialmente, porque el gran periodo crítico, que se producirá a partir del 2025 y alcanzará el cenit en el 2050, otorga un margen de tiempo justo pero razonablemente suficiente como para empezar a cambiar los parámetros.

Aumentar la natalidad significaría por otra parte una inyección económica a largo plazo, aunque a corto representará un mayor gasto en educación, que en buena medida sería compensado porque como consecuencia de la falta de niños el gasto en educación en términos absolutos tiende a descender.

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