El problema no es la ley, sino el negocio en su incumplimiento

 Muy interesante el artículo de Josep Miró i Ardèvol que aparece publicado, en castellano y catalán, en la página de ForumLibertas. ¿Cuándo dejaremos de ser hipócritas y empezaremos a llamar a cada cosa por su nombre?

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La Guardia Civil lleva practicadas ya trece detenciones en dos fases sucesivas en relación al escándalo de las clínicas del Dr. Morín. Este dato muestra la dimensión potencialmente delictiva del caso. Esto y el hecho de que las personas soliciten para declarar ser consideradas testigos protegidos porque temen por su integridad física.

Poco a poco, los grupos que han hecho del aborto bandera ideológica, porque carecen de mejores objetivos concretos, están intentando recomponer sus líneas. Uno de sus razonamientos es que en España existe un problema relacionado con la ley. Hay que decir, datos en mano, que ésta no es ni mucho menos la primera cuestión. El problema que tiene España, lo que viene escandalizando a Europa desde hace meses y meses, y atrae la atención internacional, es que la Ley no se cumple de una manera masiva, flagrante, con la necesaria cooperación de los gobiernos central y autonómicos.Éste es el problema. Por consiguiente, si primero no se demuestra que se es capaz de hacer cumplir la actual legislación sobre el aborto, cualquier otra que se haga adolecerá del mismo cáncer social, porque –atención- sea cual sea la normativa, la posibilidad de abortar si se aduce que la madre tiene una enfermedad grave continuará existiendo siempre y sin límite. Y como el problema central es el falseamiento de este hecho, el fraude continuará también con una ley de plazos.

Una experiencia personal puede servir para situar la incongruencia querida con la que se mueve todo este asunto del aborto. En España, la sanidad animal, muy importante desde el punto de vista económico y de la sanidad humana, es controlada, como es lógico, por los veterinarios. Pero hace años, más de 20, antes de incorporarnos plenamente en la UE, se daba la circunstancia de que los veterinarios, siendo funcionarios públicos, responsables del control de granjas y mataderos, ejercían dicha tarea cobrando su retribución de los controlados.La entrada en la UE, entonces CE, comportó la necesidad de adecuar esta situación. Lo viví en primera persona porque en Cataluña, como Consejero de Agricultura, me tocó llevar a cabo la reforma veterinaria. Estos funcionarios pasaron a estar adscritos con una retribución pública acorde con su nivel, dejaron de percibir dinero por parte de las granjas y mataderos, y se les proporcionó los lógicos medios materiales para poder llevar a cabo su tarea. Esto no fue fácil, pero resultaba de estricta lógica: nadie podía entender, a pesar de la honestidad de todo el sector veterinario, que el inspector cobrara del inspeccionado.

Han pasado más de 20 años desde estos cambios y nos encontramos con que algo mucho más importante, directamente relacionado con la vida y la salud humana, funciona como la antigua inspección veterinaria, cobran de quienes deben controlar. Es el caso de los psiquiatras que dictaminan la salud mental de la madre para que esta pueda abortar, y que cobran de las clínicas. Y además en función del número de abortos que se llevan a cabo, y además con demostraciones reiteradas y evidentes, no solo en el caso de Morín, de que muchos médicos falsean los datos.

¿Dónde está la racionalidad, el sentido del progreso, la valoración de la función pública, en este procedimiento? ¿Donde quedan los tótems habituales de la post izquierda sobre la necesidad de que sea el sector público quien asuma determinadas funciones y no el mercado para evitar que el espíritu de lucro, tan extendido en la condición humana, no busque beneficio en temas que, como el de la salud pública, deben quedar fuera de esta dinámica?

Los defensores del aborto deben cejar en sus decrépitas razones argumentando hechos inexistentes, deben de olvidarse de la estrategia de la lágrima, que precisamente lo único que hace es exponer lo que destroza el aborto a la mujer, y enfrentarse con honestidad a lo que es un fraude escandaloso.Y eso, no porque lo digan los “conservadores”, “ultra católicos” o simplemente católicos a secas, sino porque se lo dicen a la cara y con un cierto asco medios como la TV pública, francesa, danesa y holandesa, que según los parámetros de nuestros pro abortistas son lugares de excelencia para practicar el aborto. Pues bien, desde esta excelencia lo que se hace en España les repugna y escandaliza.

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