La necesidad de un referente moral en la política

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La concentración en defensa de la familia del último 30 de diciembre, constató, por una parte, la existencia de una sociedad viva que no se resigna a ser manipulada, por otra, la necesidad de tener voz propia en el mundo de la política.

Una vez más, los obispos tuvieron que suplir la ausencia de un liderato laical con representación parlamentaria. La situación española recuerda la dicotomía maurrasiana existente entre sociedad oficial y real.

Los partidos mayoritarios sólo representan los intereses económicos o de los grupos de presión. Sin embargo, la ciudadanía de a pie, con sus problemas reales, se siente huérfana de representación.

En Italia, hace un año, Destra Sociale, corriente interna de Alianza Nacional, lanzaba un manifiesto en el que defendía que la nueva derecha del XXI debía recuperar el discurso de defensa de los cimientos morales de la sociedad.

Finalmente, Italia ha conseguido inculcar de forma tranversal la defensa de algunos principios morales, en el que han coincidido políticos de derecha e izquierda.

En España la situación es la contraria, frente a la ofensiva relativista, denunciada de manera permanente por Benedicto XVI, la defensa moral no es levantada por ningún partido parlamentario.

España se manifiesta como el país europeo más desértico en iniciativas originales que funcionen para renovar el discurso público del católico del nuevo milenio. Sólo algún partido extraparlamentario propugna programas de apoyo a los valores del derecho natural.

La excepción la marcan los foros culturales que prenden sus iniciativas en los jóvenes, cuando se les habla de la plenitud de la dignidad de la persona. Sin recursos, pero con un gran hambre de saber y de trasmitir verdad, van siendo más numerosos los jóvenes que se atreven a soñar y quedarse cortos.

La necesidad de incorporar al discurso político la defensa de los principios que son cimientos morales de la sociedad, tal como la vivimos, es una realidad que los partidos mayoritarios, en el mejor de los casos, ignoran, cuando no los socavan.

La actuación solitaria de un político no es suficiente, debe ser la propia sociedad quien genere la transformación demandada a través de su propia iniciativa política, independiente de los partidos dominantes, sordos a todo requerimiento, y apoyando iniciativas políticas complementarias que apuesten inequívocamente por programas que respondan a los valores que Su Santidad Benedicto XVI ha definido como no negociables.

FUENTE: Dirección FORO ARBIL

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