Católicos: el día después

000271872.jpg 
Los católicos debemos realizar, a partir de hoy, dos atentas reflexiones, porque solo así evitaremos caer en alguno de los tres errores fundamentales.
Primero, confundir a la Iglesia con un partido político, y el cristianismo con una ideología.
Segundo, dejarnos llevar por el activismo, que poco tiene que ver con la acción. Activismo significa moverse mucho, mostrar que este movimiento existe sin que en el fondo importe el por qué y, sobre todo, el resultado. El activismo es la acción sin eficacia.
El tercero es el enfado, el desánimo, la frustración, las reacciones por negativa.
Ante estas tentaciones quizás pueda ser útil considerar lo siguiente:
Vivir la propia fe abierta a los demás, mantener viva la capacidad de acogida y practicarla con amor cristiano, es el principio fundamental. Reconocer la primacía de Dios lleva aparejado el amor a los semejantes, esto, por ser evidente, a veces resulta marginado en la práctica.
Ambos mandatos se traducen en un solo punto: evangelizar, proponer la Palabra y el ejemplo de Cristo a los demás, hacerlo con inteligencia, con prudencia, con sentido de la oportunidad, pero también de manera persistente, cotidiana, sin desanimo. Evangelizar es nuestra primera tarea.
Y esto, para que tenga un mínimo de eficacia, además de la ayuda de Dios, requiere de un esfuerzo de conversión continuada por parte de cada uno de nosotros.
Porque sin esta tarea el testimonio, condición ligada a la evangelización, es difícil que se produzca, porque al final nuestras propias limitaciones, nuestros propios pecados, nos vencen y en lugar de transmitir la fe constituimos un cuerpo opaco que impide percibirla por parte del otro.
La segunda reflexión afecta a los laicos y a su papel en la sociedad. Si partimos del principio básico de que la política es, tal y como manifestó Juan Pablo II, la más alta dimensión de la caridad, la política debe conseguir traducir el amor en algo concreto.
Estamos muy lejos de todo esto, tanto que sólo el formularlo puede parecer un pensamiento utópico. Error. Si los cristianos prescindimos del mandato de Dios en la vida política acabaremos no sólo olvidándolo a Él sino también fracasando en nuestros planteamientos mundanos.
El sentido católico en una acción política colectiva, no se fundamenta en la exhibición de la etiqueta cristiana, sino en un programa, en unas propuestas y en un estilo de actuar que reflejen los objetivos y valores que el cristianismo considera fundamentales.
Los partidos actuales no nos satisfacen. Unos han hecho bandera de ir contra nosotros.  Otros partidos reflejan de una manera muy mediocre, acomplejada, temerosa incluso, algunos aspectos de lo que promovemos. En demasiadas ocasiones parece que nuestros planteamientos incluso les llegan a molestar porque entorpecen su estrategia política. Se manifiestan más próximos a los cristianos cuando están en la oposición pero en general hacen poco o nada cuando están en el gobierno.
El escándalo español del aborto es una piedra de toque en este sentido que no conoce de banderas políticas. Siempre podemos encontrar excepciones concretas, pero el resultado sumado y restado, es muy mediocre.
Entre los que nos rechazan y los que más o menos nos soportan tenemos un déficit importante por lo que se refiere a presencia pública de la concepción cristiana. Sobre esto también debemos reflexionar, quizás de esta manera, a partir del lunes, poco a poco, se consiga abrir una nueva etapa.
FUENTE: ForumLibertas.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: