La falacia del multiculturalismo: todas las culturas valen lo mismo

 

En la sociedad postmoderna se ha generado toda una ideología justificadora de la sociedad global con el nombre de multiculturalismo.

Se trata de la aceptación de todas las culturas, las tradiciones y las creencias como iguales e intercambiables. Según tal filosofía, no hay ninguna superior a la otra, ni ningún otro tipo de criterio que pueda abarcar a todas ellas, pues cada una tiene un valor propio e incomparable.

De tal doctrina que, por supuesto, sus defensores no están dispuestos a relativizar, se deriva que se deben aceptar todas las culturas de forma acrítica, sin intentar cambiar nada en ellas; pues todo intento de crítica es a su vez descalificado como prepotencia ideológica y excluyente.

Nadie puede arrogarse, según esta nueva ideología, la posibilidad de juzgar las culturas, ni mucho menos de descalificarlas. Lo que se puede y se debe hacer es aceptarlas tal como son sin intentar ningún tipo de juicio sobre ellas.

Esta nueva ideología, como toda ideología, es peligrosa por lo que intenta ocultar, no por lo que manifiesta. Los intereses económicos y políticos que encubre son los que la convierten en un frente interesante de estudio.

Como toda la postmodernidad intenta encubrir una situación de injusticia global so capa de tolerancia y de respeto al otro. El otro se ha convertido en un referente hueco, en un reflejo del yo que desea encontrarse a sí mismo mirándose en el espejo del rostro del otro vaciado de su otredad. El otro es una imagen creada y proyectada del yo solipsista postmoderno.

El multiculturalismo actúa como ideología que justifica la supuesta intangibilidad de las culturas, pero en el fondo lo que hace es vaciarlas de contenido antes de asumirlas. Las culturas que se nos presentan han sido convenientemente vaciadas de sus contenidos diferenciadores y asépticamente integradas en nuestra civilización postmoderna.

El ejemplo más claro puede ser la Gran Manzana, donde se puede encontrar de todo tipo de culturas, creencias e ideas diferentes, pero todas integradas en un mercado único. Usted puede comer en un restaurante japonés, vestir el traje típico indio y beber coca-cola mientras invierte en la bolsa a través de su móvil de última generación. Todo es posible si se acepta el modelo de vida postmoderno, cualquier cultura puede integrarse sin ser juzgada, pero, eso sí, convenientemente castrada.

Nunca jamás se debe confundir la riqueza de la diversidad, la belleza inherente a la pluralidad de manifestaciones artísticas, culturales y filosóficas con la nivelación en la valoración.

Es verdad que no existe ningún ser extracultural, extrahistórico, extraterrenal, para poder juzgar objetivamente la diversidad de manifestaciones culturales, pero sí que disponemos, cuanto menos en la cultura occidental moderna, del valor de la crítica, capaz de aplicarse responsablemente, no sólo ad extra, también ad intra.

FUENTE: Francesc Torralba Roselló en ForumLibertas.

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