El desaguisado europeo y el ejemplo irlandés

El “No” de Irlanda ha de interpretarse como una manifestación contundente de las enormes limitaciones que padece el actual proceso de unidad europea, incapaz de explicar sus contenidos de manera mínimamente inteligible.

El problema empieza por el propio texto. Si la versión inicial de la frustrada Constitución Europea era de difícil digestión, el acuerdo que la modifica resulta absolutamente ininteligible excepto para los expertos.

Es un texto sencillamente críptico, porque ha estado escrito en base a modificar el texto precedente sin preocuparse de aquella obligación, que tan mal se cumple, de que las leyes democráticas han de ser claras y estar al alcance de la mayoría.

Y este es el problema de fondo. La UE avanza en un sentido que no toma en consideración a los ciudadanos.

En contra de lo que algunos han dicho, los irlandeses han hecho muy bien votando no, porque no existe ninguna obligación de aceptar lo que el gobierno de turno propone si no se sabe exactamente lo qué es, más allá de unas vaguedades.

En este sentido el pueblo de Irlanda es más afortunado que el español, porque aquí no se necesita de nuestro voto para aprobar el Tratado. Lo resolverá el Parlamento a base de disciplina de partido, aunque después el 90% de los diputados sean incapaces de explicar el contenido de lo que han votado, excepto 3 o 4 cuestiones generales, que son las únicas que ocupan la atención de los periódicos.

Este vacío que existe entre las instituciones europeas, incluido este Parlamento elitista y lejano, que vota sobre cuestiones que poco nos importan cuando no nos ofenden, tiene una cierta correspondencia con el vacío de los católicos en la construcción de Europa.

La desaparición de la democracia cristiana como fuerza europea, hace ya un puñado de años –el Partido Popular Europeo, es otra cosa- ha dejado a la Iglesia y a los católicos sin un instrumento, imperfecto como todos, autónomo del estricto hecho eclesial, que aportaba una presencia política y una concepción cultural a las instituciones europeas.

Fue la Democracia Cristiana quien marcó el origen y el desarrollo inicial de esta construcción y supo aportar una buena mezcla de realismo y sentido práctico.

Hoy nada de eso existe, y esto se traduce en el predominio de lobbys que basan su fuerza en su capacidad de presionar a los diputados distantes del parlamento europeo y a los burócratas.

Porque eso es en realidad la Europa de hoy, un juego de lobbys. Ante esto los católicos europeos tenemos un doble reto: organizarnos a esta escala para hacernos presentes y también para insuflar una nueva alma, y un nuevo estilo a la forma de hacer política en Europa.

FUENTE: ForumLibertas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: