La cohabitación no ha sustituido al matrimonio y casi un 80% de los que atraviesan esa situación desearían casarse, según una encuesta realizada en Gran Bretaña y que ha servido de base a un informe del think tank Civitas titulado “Dudas sobre la familia”. La investigación revela que la preferencia por el matrimonio sigue vigente y que el matrimonio es realmente “más popular que nunca, con independencia del sexo, las ideas políticas o el estatus económico”, según asegura su autora, Anastasia de Waal, directora de la institución británica.

De acuerdo con los datos recogidos, siete de cada diez ciudadanos de entre 25 y 35 años desean casarse y el principal motivo es establecer un compromiso estable. Sin embargo, esta preferencia mayoritaria se ve frenada por circunstancias económicas, especialmente entre personas con menores niveles de ingresos.

Con estos resultados, De Waal plantea la necesidad de modificar las políticas familiares actuales, que prestan muy poca atención a los efectos de la desestructuración, como la pobreza de los hogares monoparentales, y no toman medidas para modificar las causas que la provocan. “Conservadores y laboristas asumen que la gente que no se casa lo hace simplemente porque lo decide así”, y no por otros motivos, como los económicos, señala. En su opinión, la política más progresista se ha afincado en una postura neutral, desde la que se potencia la diversidad y no se da importancia al tipo de familia. La consecuencia es que cada vez se identifica más la familia pobre y lo que los progresistas consideran “familia moderna”.

Mayor riesgo de pobreza infantil

Según el informe del think tank Civitas, las políticas están fallando en uno de los objetivos principales: erradicar la pobreza infantil. Esta lacra se concentra en las familias monoparentales, como resultado de situaciones de desempleo y de ruptura entre progenitores no casados. Los datos de la encuesta revelan que los niños nacidos de uniones libres tienen el doble de posibilidades de ver la separación de sus padres que los nacidos de padres casados. Así, la encuesta señala que el 70% de los hijos nacidos en el matrimonio viven con ambos progenitores hasta los 16 años, porcentaje que se reduce al 36% entre los nacidos de padres no casados.

De Waal sugiere también que lo que contribuya a dar estabilidad en el empleo será favorable para fortalecer la familia, puesto que hay mayor tendencia a separarse o a convivir entre las personas de menos ingresos o en paro. En la misma línea propone potenciar el cuidado compartido de los hijos y establecer ayudas para que los progenitores asuman las responsabilidades adquiridas frente a los hijos. “El énfasis político que se pone en las mujeres debería pasar a favorecer la paridad de responsabilidades; sería muy útil que las políticas familiares incluyeran a los hombres, empezando desde el cuidado de los hijos, para que incluso cuando la relación entre los adultos termine, la responsabilidad hacia los hijos permanezca”. El informe constata, además, que hay mucha pobreza ligada a la tendencia entre los padres separados a dejar de pagar las pensiones que les corresponden.

La necesidad de aprobar medidas políticas que favorezcan el matrimonio se ha visto reforzada recientemente con los resultados de otra investigación de la Universidad de Essex, que analiza las consecuencias negativas a largo plazo de que los niños crezcan con solo uno de los dos progenitores. “Los hijos de familias monoparentales van peor en la escuela, tienen menos posibilidades de conseguir buenos empleos y sufren más problemas de salud”, asegura el profesor responsable del informe, John Ermisch. El estudio ofrece algunos datos, calificados como “preocupantes”, sobre el crecimiento del número de nacimientos fuera del matrimonio: la proporción alcanzó el 44% del total en 2006 frente al 9% registrado en 1975.

FUENTE: M. Ángeles Burguera en Aceprensa.