Los dioses se han vuelto locos

Genial artículo que revela crudamente, pero con ironía, la locura que estamos viviendo.

Los dioses se han vuelto locos. Bueno, en realidad esos dioses son simples fetiches inventados por el propio hombre. No son nada en sí mismos. Por consiguiente, es una parte de la humanidad la que ha perdido el sentido de la vida y de la realidad, y eso es la locura.

 

El reciente presidente de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, Ashok Kholsa, propugna sin el menor pudor intelectual que la solución para que se emitan menos gases invernadero a la atmósfera y se frene el cambio climático es no tener hijos. Fastuosa e indemostrable correlación. 

El sentido común ya señala que lo que determina este impacto ambiental es el tipo de tecnología que se aplique y no el número de descendientes que exista en un país. También las pautas de consumo en una sociedad donde prima el transporte privado, como EEUU, tiene un mayor impacto que otra, como la mayoría de las europeas, donde el transporte público ocupa un papel muy importante.

 

Lo dicho por una persona que quiere preservar la naturaleza es sencillamente una incongruencia o una tontería, pero ha sido aceptada y reproducida sin el menor comentario crítico por los medios de comunicación y los propios conservacionistas. Al final resultará que se debe intentar conservar todo menos la propia especie humana. Es como eliminar la enfermedad matando al enfermo, absurdo, peligroso, pero ahí está. 

Sin embargo, la aceptación humana de esta sociedad del sin sentido es todavía más salvaje si se considera que nuestro problema como humanidad y a largo plazo no es la explosión demográfica, sino todo lo contrario: el envejecimiento de la población porque no nacen suficientes personas como para equilibrar la balanza.

 

Pero la locura se concreta más en nuestro país. Hace poco un periódico de perfil clásico, La Vanguardia, pero  que se ha convertido en una punta de lanza de la ideología de género, adoctrinando quieras que no a sus lectores, insistía en que la maternidad es un estorbo para la mujer, una realidad que no gusta, la mitificación de un rol en ningún caso necesario. 

El concepto de rol, es decir la función o papel que alguien cumple en una sociedad, puede ser algo trivial o absolutamente necesario. La maternidad forma parte de este segundo grupo. Sin madres no hay sociedad, no hay posibilidades para la propia humanidad. Es la prédica de la auto-extinción. Pero antes de llegar ahí, mucho antes, significa la liquidación del estado del bienestar, porque éste solo puede existir si las parejas tienen el número suficiente de hijos. Ese es ya el problema de España y de otros países occidentales. No tener hijos es apostar por una sociedad con mayores desigualdades, y solo la ignorancia económica o un egoísmo ciego impide entenderlo.

También significa limitar, dañar, el potencial de la mujer. Es bien conocido, al menos desde los años ochenta, que la capacidad de la naturaleza de la mujer, sus aptitudes físicas, aquello que influirá con el paso de los años, no solo, o no tanto, en el vivir mas tiempo, sino en vivir en mejores condiciones físicas, se desarrolla solo a partir del primer hijo. La naturaleza, la selección natural, otorga a quien asume la reproducción de la especie importantes compensaciones. Es tan irracional y fantasmagóricao toda esta cultura antimadre que esta otra dimensión, la  del beneficio personal, es ignorada u ocultada.

 

¿Cómo se puede tener la pretensión de ser socialdemócrata, progre, de izquierdas o de post-izquierdas, o simplemente partidario del sistema del bienestar, y al mismo tiempo ir predicando la bondad de la liquidación materna? En realidad no es posible, pero como la palabra y el papel lo aguantan todo, hasta la catástrofe final, el discurso irresponsable crece y crece.

 

El fenómeno tiene un problema añadido, la inercia de los comportamientos de la población es tremenda, puede tardar décadas en modificarse. De ahí que si continúa creciendo esta vocación antinatalista, cuando los diocesillos  acongojados  quieran rectificar, será tarde porque por muchas medidas que adopten no podrán frenar la caída. 

Es un extraño mundo, este, que predica la bondad de no tener hijos, de abolir la maternidad, de negar en las leyes la existencia del padre y la madre como sucede en España, del hombre y la mujer, o querer obligar como persigue la nueva ley del tripartito catalán la abolición del concepto de padre y su substitución por la de progenitor en el código civil.

 

“Progenitor nuestro que estás en los cielos….”

 

FUENTE: ForumLibertas.

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