Otra vez el crucifijo

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La sentencia del Juzgado num. 2 de lo Contencioso-administrativo de Valladolid ordenando la retirada de crucifijos en un colegio público ha vuelto a abrir un debate. Rápidamente el PSOE ha pedido la retirada de los símbolos religiosos de todos los colegios públicos “Para tutelar los derechos de las familias que no profesan la religión católica”.

La sentencia establece que el Estado “no puede adherirse a ningún credo religioso ya que no debe existir confusión alguna entre los fines religiosos y los fines estatales” Entonces, dado que la enseñanza básica es obligatoria y gratuita no se puede permitir que se exhiban símbolos de una determinada confesión religiosa. La sentencia, sin embargo, se cuida mucho de precisar que “no se trata de examinar la presencia de crucifijos y otros símbolos religiosos en otros espacios y ámbitos” .

Por consiguiente, primer punto, la sentencia excluye deliberadamente todo lo que no sean centros escolares públicos. Esto es menos de lo que pidió la fiscalía, que se refería explícitamente a “los espacios públicos”. Bajo esta perspectiva la cruz y otras figuras religiosas deberían desaparecer de las escuelas concertadas, de las plazas y calles, por su condición de espacio público, solo podría pervivir en el interior de las iglesias y de las casas.

 
¿Pero, la sentencia y el planteamiento de que la cruz implica una dimensión religiosa del Estado, es exacta? Porque este es el meollo de la cuestión. No se trata de discutir en general la separación entre Iglesia y Estado, sino si la cruz exhibida en una escuela altera aquella separación.
 
La respuesta es que no, que no la altera. La razón es muy concreta y evidente. La cruz como muchas otras manifestaciones católicas, tiene en las sociedades europeas una doble dimensión: la estrictamente religiosa, y también, la cultural. Alguien dijo que los confines de Europa se conocen porque desaparecen las catedrales y sus cruces. Es una evidencia. No se refería a la época de la Cristiandad sino a la situación actual. 

La cruz, al igual que la pintura religiosa, es un elemento cultural, como lo son las catedrales. Si nos ciñéramos a la letra de la cuestión, a la interpretación de esta sentencia, toda la pintura religiosa debería desaparecer del Museo de El Prado porque es público, y el Estado no debería ayudar al mantenimiento del patrimonio arquitectónico de la Iglesia, porque está ayudando a una confesión religiosa, y no es así porque la pintura, la catedral tiene una doble dimensión, la religiosa para unos, y cultural para todos.

 
Que la cruz es también símbolo de una cultura de la que formamos parte todos, y no solo de una confesión, salta a la vista. La Cruz Roja es aconfesional pero a pesar de ello en Occidente utiliza la enseña cruzada, de la misma manera que el mundo árabe, incluidos los regimenes laicos, utilizan la media luna roja, e Israel la estrella de David. Es el símbolo de una adscripción cultural.
 
Con la sentencia de Valladolid en la mano, la cruz debería desaparecer de la mesa en la que los ministros juran su cargo. La bandera suiza, finlandesa, noruega, y tantas otras serían enseñas católicas, lo cual es del género repipi en países que son o bien acusadamente plurireligiosos o poseen una historia de luteranismo militante.
 
Este hecho cultural no se circunscribe solo a la cruz, tiene entre nosotros más manifestaciones. Los belenes son una de ellas, ¿los reyes ya no podrán mandar felicitaciones de navidad con un belén al lado?¿ Las escuelas públicas deben erradicarlos porque desde el punto de vista de la fe, simbolizan el nacimiento de Jesucristo? ¿Los vamos a sustituir por la estupidez de los “paisajes de invierno”? ¿Las cabalgatas de los reyes magos, cuya única existencia está ligada al reconocimiento de la divinidad del Jesús recién nacido van a dejar de ser organizadas por los ayuntamientos? 

Cruces, pintura religiosa, catedrales, pesebres, cabalgatas, fiestas mayores, una lista inacabable de hechos concretos nos dicen que nuestro país es como es porque surgió de un proceso cultural que tiene como raíz una fe, la cristiana, en sus fuentes que han dado pie a toda una cultura. Una cultura que está ahí y en la que nos reconocemos, y la cruz es su expresión. Esto no significa, y los hechos lo demuestran claramente, que tal circunstancia coarte la libertad de nadie.

 
La sentencia debe ser revisada porque en ningún caso la interpretación de la letra de la ley debe ser contraria al sentido de la justicia.
FUENTE: ForumLibertas.com.
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3 comentarios

  1. Querido amigo:
    Muy oportuno tu post. Creo que voy a seguir de cerca los comentarios de ForumLibertas. No tendrás que venir a Valladolid algún día? Ya sabes que aquí además del regimiento Alejandro Farnesio, tienes un amigo.
    Un abrazo,
    Alberto

  2. […] Alex Farnese, en su blog La cazoleta del arcabuz defiende la tesis contraria y considera que el crucifijo no altera la separación iglesia-estado : “La cruz como muchas otras manifestaciones católicas, tiene en las sociedades europeas una […]

  3. Lo que pretenden (que la religión quede sólo para el ámbito de lo privado, es un imposible. Imponer, jamás se debe imponer una fe, pero anunciar a Cristo es la razón de ser de un cristiano. La fuerza de la cruz es imparable, y no olvidemos que la fe de la Iglesia es católica y APOSTÓLICA.

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