La Universidad española se está hundiendo

3818139Me refiero a la Universidad pública y evidentemente no a toda ella, pero sí a una parte importante y creciente de la misma. El tema es difícil porque la situación es extraordinariamente compleja, y en muchos casos los intereses y las necesidades contrapuestos. 

La universidad necesita más recursos, pero no hay que olvidar que el gasto por PIB de España en este capítulo no es muy inferior al de los países de nuestro entorno. Es decir, el dinero no explica en un grado suficiente el mal estado de la cuestión, si bien es cierto que las universidades se mueven en la penuria. En algunas de ellas el próximo año las retribuciones de los profesores quedarán congeladas. En diversos casos apenas sí hay becas de doctorado, con lo cual la tasa de renovación va a verse mermada. Una revisión de la naturaleza de sus gastos y la necesidad de criterios de gestión más racionales debería ser un imperativo de aplicación urgente

Por otro lado, entre un 40 y un 50% de los alumnos en muchas carreras no asisten a clase y de los que lo hacen una buena parte se limitan a tomar apuntes de una clase magistral, al estilo antiguo, y sobre ellos construyen todo su bagaje. El acceso a libros es un acto que atañe sólo a una minoría. Una buena parte de los alumnos trabaja, aunque no lo hacen por una razón de supervivencia –los hay que sí- sino para disponer de algo de dinero para la fiesta del sábado noche, y sus prólogos y epílogos. El conjunto no dibuja las condiciones de un sistema de elevado rendimiento, aunque las diferencias entre algunas facultades puedan ser del orden de la noche al día.

 

La articulación entre la ESO, el Bachillerato y los estudios universitarios es deficiente, en el sentido de que pueden cursarse carreras sin apenas haber estudiado antes asignaturas que luego se encontrarán y que necesitan un grado de conocimiento previo del que los estudiantes carecen. 

El profesor de biofísica de la universidad de Oviedo, José Luís Fernández Ruiz, explicaba en unas declaraciones en El Mundo (3 de diciembre) como la elevada nota de corte de medicina hace que muchos de los estudiantes eviten en todo lo posible las asignaturas de ciencias, porque normalmente hacen rebajar los promedios. Ello supone, por ejemplo, que lleguen a la carrera personas que en todo el Bachillerato han evadido la física. El resultado es malo porque el estudiante suspende, y malo porque el médico va a salir con una formación débil en estas áreas científicas. No es el único caso, después de tantas leyes y planes de estudios sigue sin existir una buena articulación entre el ciclo secundario y la universidad.

 

Las repeticiones y los abandonos están a la orden del día y esto tiene un coste extraordinario directo para el erario público y también social porque genera una actividad, la del repetidor y el que abandona, escasamente productiva. Y es que el bajo coste de la universidad pública, donde la matrícula solamente representa un 30% del valor total, justifica la falta de esfuerzo, porque en nuestra sociedad el coste de una cosa es signo de su valor, y la universidad en este sentido vale muy poco. 

Por otra parte el sistema es profundamente injusto porque con el dinero de todos se sufraga el acceso universitario solo a aquella parte de la población que puede tener inactivos a sus hijos durante 3, 4, 5 o más años. Sería mucho más racional adecuar la matrícula al coste real, ampliar muchísimo el número de becas, de manera que nadie con posibilidades quedara fuera, y estimular con rebajas a los estudiantes que obtuvieran mejores resultados. Esto sería más inclusivo, estimularía la excelencia y resultaría más justo.

 

Pero ésta, como otras muchas medidas, ni será pedida por las propias universidades, lo que sería lógico, ni ningún gobierno parece tener el valor necesario para aplicarla.

 

Hay rectores (y candidatos a serlo) excelentes, pero también los hay que reducen su plataforma a un planteamiento corporativo que siempre granjea simpatías a corto plazo y cuestiones como la sostenibilidad, la igualdad de género, además de discursos genéricos sobre la necesidad de una buena integración entre universidad y sociedad, y si es una escuela técnica, entre universidad y empresa. No son muchos los dispuestos a hincar el diente sobre el deterioro y les resulta mas cómodo y políticamente correcto, dedicarse por ejemplo a forzar la paridad de género. 

Cuando el temor humano se impone a la necesidad las instituciones quiebran.

FUENTE: Josep Miró i Ardèvol en ForumLibertas.com

Una respuesta

  1. Es un problema muy serio pero parece que a nadie le preocupa. Quizás por desidia o puede que por desconocimiento nadie repara en el estado deplorable en el que se encuentra la universidad española. Todos los políticos insisten en que la salida de la crisis pasa por la innovación y el concepto de I+D+I se ha puesto de moda. Sin embargo, la Universidad española sigue en decadencia y es ya la peor de Europa según un reciente estudio ( http://www.lisboncouncil.net/force-download.php?file=/media/lisbon_council_policy_brief_usr2008.pdf ). Si la hipocresía de nuestros políticos llenara las arcas del Estado no tendríamos problema alguno en salir adelante en el futuro. Pero lo cierto es que de momento no se ha dado el caso y España corre el grave riesgo de caer en una gran depresión cultural que afecte a la economía real de la sociedad del conocimiento.

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