Atlas ilustrado de la Guardia Civil

Eduardo Martínez Viqueira

Editorial Susaeta. Madrid, 2010. 286 págs.

ISBN: 9788467709551

Tras la Guerra de la Independencia y, más tarde, las Guerras Carlistas, la población española tuvo que enfrentarse a un grave aumento de la delincuencia. Aquellos combatientes que habían participado en la eficaz táctica militar de las guerrillas, incapaces de integrarse en una sociedad nueva e inestable, hicieron del bandidaje su estilo de vida, hasta el punto de que los malhechores se habían adueñado de los caminos de España. Ante esta situación, el duque de Ahumada fue designado para la organización de un nuevo cuerpo de seguridad pública: la Guardia Civil.

Con el apoyo visual de más de setecientas imágenes de gran calidad, incluyendo gráficos, organigramas y mapas, esta obra de carácter divulgativo refleja de forma concisa, pero completa y rigurosa, los orígenes e historia de la Institución, su organización, uniformes, armamento, material, modelo de carrera y, por supuesto, todas las Especialidades, sin descuidar de qué manera ha evolucionado en aspectos como la seguridad ciudadana, la lucha contra la delincuencia, el terrorismo o la proyección exterior de un Cuerpo siempre joven y en permanente evolución.

Digan lo que digan: sin padre no hay familia

La ausencia del padre es la principal causa del retroceso en el bienestar de los niños. También es un factor crucial para comprender la crisis actual de la familia. Así lo explica el francés Tony Anatrella, experto en psiquiatría social y consultor del Consejo Pontificio para la Familia, en su libro La diferencia prohibida, del que resumimos algunos párrafos.

Tony Anatrella. La diferencia prohibida. Sexualidad, educación y violencia. Encuentro. Madrid (2008). 336 págs. 30 €. T.o.: La différence interdite. Traducción: Lázaro Sanz.

Anatrella advierte que la devaluación de la función paterna tiene consecuencias sobre la estructuración psíquica de los individuos y sobre la sociedad: debilitamiento de la imagen masculina, trastornos de la filiación, aumento de las conductas adictivas, pérdida del sentido de los límites (toxicomanías, bulimia/anorexia, prácticas sexuales reaccionales), dificultades para socializarse, etc.

La sociedad actual valora mucho la figura de la madre. Es verdad que ésta es una fuente de seguridad para el niño, pero la relación de la madre y el hijo necesita completarse con la función paterna. “El padre es el que dice que no (tanto al hijo como a la madre, lo que permite justamente diferenciar a los dos padres), el que introduce la negatividad y el que declara la prohibición, es decir el límite de lo posible”.

La figura del padre es necesaria para el desarrollo psicológico equilibrado de los hijos. El padre es el mediador entre el niño y la realidad; permite al hijo tomar iniciativas, “porque él ocupa una posición de tercero, de compañero de la madre, y no de madre bis”. Gracias a la figura del padre, el bebé aprende a diferenciarse de la madre y a adquirir autonomía psíquica. El niño descubre que él no hace la ley, sino que existe una ley fuera de él.

Gracias a la relación con el padre, el niño y la niña adquieren también su identidad sexual. “La diferencia de sexos encarnada por el padre juega por otra parte un papel de revelación y de confirmación de la identidad sexuada. Tanto la chica como el chico tienen en efecto tendencia, al comienzo, a identificarse con el sexo de la madre, y es el padre, en la medida en que es reconocido por ella, el que va a permitir al hijo situarse sexualmente”.

El padre excluido

¿Por qué se ha impuesto en nuestra sociedad esta idea de la ausencia del padre? Hoy se divulga la figura del padre indigno o incompetente, sostenida por la legislación y estereotipada por los medios de comunicación. “Así, en la mayor parte de los guiones de las series televisivas, es presentado como incapaz de situarse en la relación educativa, de ocuparse de adolescentes, menos todavía de proclamar las exigencias necesarias a la vida en sociedad, incluso de reprender cuando es necesario”.

Muchas mujeres reprochan a los hombres no cumplir con el papel de padre cuando, más o menos conscientemente, ellas se las han arreglado para no dejarles el lugar que les corresponde. “La madre aleja así al padre, con el riesgo de culparlo en un proceso perverso que le permite confirmar su poder y su sentimiento de omnipotencia sobre sus hijos, sobre el hombre y sobre el padre”.

La que está valorada sobre todo es la relación madre/hijo y el padre cree que tiene que ser una segunda madre para hacerse aceptar. Algunos hombres, condicionados por este conformismo, han llegado a identificarse con “el modelo de ‘papás gallinas’, es decir, no un padre, sino más bien un hermano mayor o un tío”.

La ausencia del padre se explica también por la confusión entre procreación y maternidad. Para Anatrella, esta confusión “remite al fantasma femenino de la partenogénesis (es decir, de la fecundación sin macho). La sociedad ha confirmado demasiado fácilmente este fantasma acreditando la idea de que, al no concernir la procreación y la maternidad más que a la mujer, ésta puede educar a un hijo sin padre”.

El desarrollo de los anticonceptivos y la trivialización del aborto han contribuido a sostener esta ilusión de que la mujer domina ella sola la procreación. De aquí ha surgido un eslogan: “Mi cuerpo me pertenece”. Afirmar esto es sobrentender que “la procreación me pertenece”, algo que es muy discutible. “Si la maternidad concierne a la mujer, la procreación es compartida por el hombre y la mujer: no es sólo competencia de la mujer”.

Hijos objeto

Los países occidentales han contribuido a reforzar esta concepción del padre excluido de la procreación. Así ocurre cada vez que se legisla pensando únicamente en “la madre en solitario”. El ejemplo cercano que describe Anatrella es el de las leyes francesas que, en caso de divorcio, hacen depender los derechos del padre de las buenas o malas relaciones que tenga con la madre. Lo mismo ocurre con las decisiones judiciales, al confiar sistemáticamente la custodia del hijo a la madre.

Lo más grave del asunto es que la exclusión del padre penaliza también a los hijos. “¿No se ha creado, al privilegiar los derechos de la madre, una doble categoría de excluidos, por una parte los padres biológicos rechazados, por otra los hijos, propuestos a un padre de sustitución tras otro, o incluso confiados a terceros especializados, ‘hijos-objeto’, ‘hijos-capricho’, ‘hijos-prótesis’, que se ofrecen como valedores?”

La ausencia del padre tiene efectos muy negativos en el desarrollo de los hijos. Según encuestas citadas por Anatrella, en Estados Unidos un niño tiene seis veces más riesgo de crecer en la pobreza y dos veces más de abandonar la escuela si ha sido educado por una madre sola que si pertenece a una familia constituida por dos padres, capaces de ofrecerle puntos de referencia.

La consecuencia última de la ausencia del padre se manifiesta en el aumento de la violencia. Al no llegar a aceptar lo real, por falta del sentido de los límites que debería inculcar el padre, los hijos se rebelan y se multiplican los actos de violencia. Pero la agresividad también se vuelve contra uno mismo y se convierte en autodestrucción.

Repensar la familia

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Para Anatrella, el problema de la ausencia del padre está íntimamente ligado a otro problema más general: el de la desmembración de la familia constituida por un padre y una madre con hijos. “La familia se rompe, en efecto, sobre todo bajo la presión de la pareja actual en la que los individuos, en cuanto tales, no buscan más que su beneficio a través del otro. Se rompe también porque, muy a menudo, omite su papel educativo”.

La crisis de la familia se manifiesta en el descenso de matrimonios y la extensión de las uniones de hecho, la baja fecundidad, la multiplicación de divorcios. Pero tiene una causa más profunda: el problema está en las representaciones sociales de la familia, en la concepción que tenemos de ella.

Para revalorizar la figura del padre, Anatrella propone recuperar el sentido de la familia. Se trata de redescubrir qué significa la experiencia del parentesco y la diferencia de generaciones. Ha de afirmarse que padre y madre son necesarios, que ninguno es más que el otro, que ninguno de ellos es sustituible o canjeable por el otro.

FUENTE: Juan Meseguer Velasco en Aceprensa.

Padres fuertes, hijas felices

Tendemos a pensar que las madres son las principales educadoras de sus hijas, mientras que a los padres les corresponde un papel secundario. Esta distribución de roles olvida que, además de los cuidados y la relación materna, ellas necesitan un padre que les dedique tiempo y atención. Así lo defiende Meg Meeker, pediatra y consejera familiar, en su libro Padres fuertes, hijas felices.

Meg Meeker. Padres fuertes, hijas felices. Ciudadela. Madrid (2008). 248 págs. 21 . T.o.: Strong Fathers, Strong Daughters. Traducción: Mariano Vázquez Alonso.

A los dieciocho años, Ainsley se marchó de casa para estudiar en una prestigiosa universidad americana. Durante el primer curso todo marchó sobre ruedas: hizo muchas amigas y sacó buenas notas. Pero luego la cosa se torció. Empezó a beber demasiado, dejó de asistir a clase y, al final, fue expulsada de la universidad.

Al regresar a casa, su madre se mostró inflexible. “Te has comportado estúpidamente”, le dijo. “Has arrojado tu futuro por la ventana. Has avergonzado a tu familia”. En mitad de la bronca, su padre se acercó a Ainsley y le susurró: “¿Te encuentras bien?” Ella rompió a llorar.

“No se puede imaginar cómo me afectó aquello”, explica Ainsley a la doctora Meeker. “Eso pasó hace treinta años. El amor que siento por mi padre en este momento es algo tan fresco y tan reciente como lo fue entonces (…) Supe que era a mí, y no a los logros que pudiese alcanzar, a quien realmente amaba”.

El caso de Ainsley es uno de los muchos relatos que Meeker ha escuchado en su consulta. Tras veinte años de experiencia clínica, asegura que el padre es la figura más influyente en la vida de sus hijas. Un padre, dice, puede marcar la diferencia.

Un ambiente difícil

Por su experiencia, Meg Meeker señala que las chicas de hoy se encuentran expuestas a más riesgos que las de antes (trastornos alimentarios, enfermedades de transmisión sexual, depresión, fracaso escolar, alcohol, drogas…); y son los padres los únicos que pueden interponerse entre ellas y el ambiente social que las rodea.

“Vogue y Cosmopolitan le dirán a su hija de dieciocho (o de diez) años que su valor e importancia se basan en tener una figura esbelta y un pecho atractivo, en llevar vestidos caros y a la moda y en ser una de esas chicas en las que se fijan los hombres”.

Meeker pide realismo a los padres. El hecho de que sus hijas estudien en un colegio privado o en uno religioso, dice, no las inmuniza contra el ambiente. Entonces, ¿qué se puede hacer? “Sí, es cierto que tanto la televisión como la música, las películas y las revistas ejercen una enorme influencia sobre las chicas, marcando las pautas de lo que deben pensar y vestir (…); pero su influencia no llega ni con mucho a la que puede ejercer un padre”.

Ella necesita un héroe

Después de algunos meses de separación, Doug decidió volver a vivir con su mujer. Durante las primeras vacaciones que pasaron juntos sufrieron un terrible accidente de coche y ella se quedó en coma; al despertar, no recordaba nada. Entonces Doug cambió su plan de vida; se jubiló anticipadamente y se hizo cargo de su mujer y de sus hijas.

Doug es un héroe porque salvó a su familia. Nadie le llega a la suela de los zapatos. Así lo piensa Mindy, su hija mayor: “Quizás otro padre no hubiera sido capaz de hacerlo: despertar cada mañana a una esposa que no te conoce y volver a enseñarle el contenido de veinticinco años de matrimonio. Pero él nunca se rindió”.

Con frecuencia las chicas asignan el papel de héroe a su padre, normalmente sin que él lo sepa. Desde pequeñas piensan que ellos son los más fuertes, los más inteligentes y los más capacitados del mundo. Cuando las hijas crecen se dan cuenta de que, en realidad, sus padres son personas corrientes. Pero no importa: ellas seguirán pensando que son héroes, siempre que ellos vivan con integridad y honradez.

Las chicas esperan que el matrimonio de sus padres dure, aunque esto suponga muchos sacrificios. Si un padre permanece junto a su mujer a pesar de las dificultades, se convertirá en un héroe para su hija. Pero si la abandona, el héroe se derrumba. Es aquí donde entra en juego la fidelidad.

Tiempo y atención

Antes de que Allison ingresara en un centro de rehabilitación, su padre pasó un fin de semana con ella en un camping. No hubo entre ellos conversaciones turbulentas. Ni siquiera hablaron sobre el malhumor de Allison. Se limitaron a hacer caminatas, a cocinar juntos y a leer. Tras regresar a casa, ella se marchó al centro de rehabilitación para una estancia de ocho meses.

“Aquel fin de semana me di cuenta de que él era inquebrantable”, explica Allison. “Por supuesto que tenía que sentirse muy mal; pero vi entonces que, hiciera yo lo que hiciese, nunca podría apartarlo de mi vida. No puede imaginarse el bien que me hizo eso. Naturalmente no quise decírselo entonces. Pero aquellos días de camping lo cambiaron todo. Creo que me salvó la vida”.

La mayoría de los padres se alejan de sus hijas adolescentes pensando que necesitan más libertad y más espacio para desarrollar sus actividades. Frente a este modo de pensar, Meeker recomienda a los padres que pasen tiempo con sus hijas y que les presten atención. “Haga lo que haría naturalmente, como hombre que es: pase más tiempo escuchando que hablando. Si la escucha, ella se sentirá querida”.

La cultura dominante nos ha hecho olvidar que los hombres y las mujeres piensan de forma diferente. Un padre puede ver un partido de fútbol con su hijo, sin decir una palabra, y sentirse los dos a gusto. Pero las hijas no están hechas de la misma pasta. “Esté donde esté, asegúrese de que ella percibe que usted se da cuenta de que está a su lado. Hágale preguntas y escúchela. Las chicas odian sentirse invisibles”.

Atreverse a establecer reglas

En la década de los setenta del siglo XX, el padre fue presentado como una figura autoritaria que pretendía imponer sus normas a una juventud ansiosa de libertad. Hoy en día esta idea ha calado en la mente de muchos padres; temen que si imponen a sus hijas demasiados límites, ellas se rebelarán.

Frente a este planteamiento, Meeker asegura que la autoridad no provoca traumas a las hijas; al contrario, es lo que más les acerca a sus padres y lo que hace que les respeten más. De hecho, las chicas más problemáticas e infelices son las que han tenido padres permisivos.

Algunas de estas chicas acuden a la consulta de Meeker y se quejan de que sus padres nunca se han atrevido a establecer reglas. “Hablan de padres que quisieron evitar a toda costa cualquier tipo de conflicto, y que, por consiguiente, no han querido comprometerse hablando con sus hijas, o enfrentándose a ellas cuando se equivocaban en sus decisiones”.

Meeker considera que los padres tienen que recuperar la confianza en sí mismos y no tener miedo a educar según les dicte el sentido común.

“Permítame que le cuente un secreto sobre las hijas de todas las edades: les gusta presumir de lo duros que son sus padres, no sólo físicamente, sino también de lo estrictos y exigentes que son con ellas. ¿Por qué? Porque esto les permite darse tono sobre lo mucho que ellos las quieren”.

La religión importa

A nadie le extraña que los padres traten de enseñar a sus hijos todo lo que saben de literatura, matemáticas, historia o geografía. Sin embargo, cuando se trata de hablarles sobre Dios, algunos padres optan por escurrir el bulto. Es preferible, piensan, dejarles libres y no imponerles las propias convicciones religiosas.

Este modo de pensar, explica Meeker, no tiene en cuenta un dato básico: que todos los seres humanos tenemos un interés natural por lo religioso.

“Los niños –explica Meeker– siempre quieren saberlo todo sobre Dios. Sus preguntas son intuitivas. Si usted no proporciona una guía a su hija, ella buscará las respuestas por su cuenta; lo que quiere decir que su autoridad quedará suplantada por la de otra persona”.

“Su hija necesita a Dios por dos razones: porque necesita ayuda y porque necesita esperanza. Él le proporciona esa ayuda y le promete que su futuro será mejor”, concluye Meeker.

FUENTE: Juan Meseguer Velasco en Aceprensa.

El multiculturalismo, los islamistas y los ingenuos

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En su libro “Los islamistas y los ingenuos”, dos daneses critican una sociedad plural en que los inmigrantes y sus hijos no se integran.

El multiculturalismo ha entrado de nuevo a ocupar la atención de analistas,  medios de comunicación y dependencias gubernamentales de países europeos, americanos y, en menor medida, asiáticos.

En entrevista para el diario ABC español (3 de Febrero de 2008), los daneses Karen Jespersen y Ralf Pittelkow han evidenciado los factores de discordancia que siguen suponiendo políticas de gestión de la diversidad cultural como el multiculturalismo. De hecho, en su libro “Los islamistas y los ingenuos” (“Islamister og naivister”) critican ferozmente el concepto de multiculturalismo  y la falsa integración de los extranjeros o hijos de extranjeros que se establecen en Europa, especialmente musulmanes.

Ciertamente las respuestas de Jespersen y Pittelkow ameritan precisiones puntuales en cuanto a la concepción de los valores auténticamente tales, en la identificación de los valores que ellos consideran propios de Europa y en lo tocante a la relación entre libertad de expresión y respeto a la religión (uno y otro llaman derecho a criticar la religión, a las burlescas caricaturas del Jyllands-Posten sobre Mahoma entendiendo por libertad de expresión una mala expresión de la libertad).

En los últimos días, tras años de promoverla en lo secreto, exponentes musulmanes del Reino Unido han impulsado una campaña abierta que pretende la entrada en vigencia de la sharia de manera que los musulmanes puedan legislar en ese país a partir de ella.

The Sunday Telegraph (10 de Febrero de 2008) reportó dos comentarios significativos y de peso que manifestaban la polarización de la sociedad que en este campo suscitaba la polémica iniciativa. Por un lado el primado de la Iglesia anglicana, Rowan Williams, haciendo ver –según él– “la inevitabilidad de la adopción de algunos aspectos de la sharia o ley islámica en Gran Bretaña”. Incluso, como reportaba la BBC en su portal de internet (11 de Febrero de 2008), defendió su apertura a la ley islámica ante el Sínodo general de la Iglesia de Inglaterra diciendo que es justo considerar la preocupación de las otras comunidades religiosas.

Por otro lado, el cardenal arzobispo católico de Westminster, Cormac Murphy-O’Connor, expresaba su oposición al afirmar: “Yo no creo en una sociedad multicultural”.

No nos entretenemos en el debate de licitud y validez que sugiere este tema (indirectamente, en líneas generales, lo abordamos en nuestro ensayo “Creer, migrar e integrarse” que se puede leer en el siguiente enlace) pero si destacamos el hecho real y no exclusivo que constituye, hoy por hoy, la realidad de muchos países: la pluralidad cultural.

El dato de hecho nos remite a la necesidad de una gestión del mismo. Y es que, aunque se suela confundir, multiculturalismo no es lo mismo que pluralidad cultural.

La pluralidad cultural es la realidad que se necesita gestionar. El multiculturalismo es un modo, una política de gestión de la pluralidad de las culturas.

¿Es el único y es válido? No. Hay otras maneras de encauzarlo, si bien también deberíamos examinar su validez. Así están, por ejemplo, la política de la asimilación donde el extranjero debe uniformarse a la cultura de la nación que lo aloja renunciando, de algún modo, a la anterior. A cambio recibe todos los derechos civiles.

La asimilación limitada trata de favorecer una asimilación lenta; se tolera el que se conserven aspectos de la cultura anterior. El “Meeting post” afirma la asimilación y unidad progresiva de todos.

Es decir, no es necesario obligar a los ciudadanos que llegan adopten apenas hacerlo el todo de la cultura que les recibe. El multiculturalismo, por último, privilegia el derecho de ser irreductiblemente diversos haciendo de un construido “derecho” a la diversidad un absoluto.

Siendo así, qué problema plantea el multiculturalismo? Primeramente es una utopía. Una sociedad implica unidad, una cohesión que camina junta al mismo destino.

El multiculturalismo promueve la división, infravalora la unidad y lleva a la creación de grupos-clanes cerrados. Empero, el error más grave se evidencia en el relativismo sobre el que se cimienta y a partir del cual sigue construyendo.

¿Y es que no todas las culturas son iguales? Más que a la igualdad, el relativismo nos remite a una valoración de la verdad que hay o no en ellas. Es innegable reconocer los valores universales que muchas de ellas poseen.

Sin embargo, no queda dicho que todas las manifestaciones propias sean dignas de respeto y mucho menos que debamos promoverlas y tolerarlas.

¿Quién estaría dispuesto a que se coman a su madre sólo porque en la cultura de los caníbales eso está bien visto?

¿Quién permitiría que apedrearan a su hija porque tuvo una relación fuera del matrimonio sólo porque esa es una manifestación de la cultura islámica?

¿Haría estallar a su esposa sólo porque en la cultura “X” inmolarse es una muestra de fe?

¿Está bien que maten a las niñas sólo porque en tal cultura prepondera el patriarcado o se pueden tener sólo cierto número de hijos?

Las culturas no son iguales. Unas son más perfectas y otras son perfeccionables; unas son ricas y otras pueden enriquecerse. No es imponer el proponer la verdad a quienes aún no la conocen en plenitud. Al contrario, es un rasgo de solidaridad e interés por el hombre.

El tema del multiculturalismo vuelve a estar en el punto de mira. Es verdad que las discusiones en congresos, debates o foros, mientras busquen la verdad, ayudarán de algo para llegar a conclusiones que marquen pautas de acción. Pero, en definitiva, de nada servirán mientras no se evidencie la necesidad de construir una civilización donde los auténticos valores liderados por el bien y la verdad ordenen y funden cualquier política encaminada a gestionar la diversidad cultural.

El peligro de errar en una aplicación viciada como el multiculturalismo tiene sus consecuencias negativas. Aún se está a tiempo de re-encauzar los caminos y sentar cimientos. Después, quizá sea demasiado tarde.

FUENTE: Jorge Enrique Múgica en ForumLibertas.

Iguales pero diferentes

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Iguales pero diferentes

María Calvo Charro

Editorial Almuzara. Córdoba, 2007. 208 págs.

María Calvo, profesora de Derecho Administrativo, trata de demostrar en este ameno ensayo que la igualdad y la diferencia entre hombre y mujer han de ser entendidos como conceptos compatibles si se quiere comprender con profundidad la riqueza del ser humano. Afirmar la dignidad de toda persona no entra en contradicción con el reconocimiento de las diferencias entre los sexos, diferencias que la autora, con gran destreza divulgativa, detalla en su ensayo, recogiendo las últimas aportaciones científicas sobre el tema.

En este sentido, recientes descubrimientos neurológicos han revelado las diferencias biológicas que sustentan el comportamiento masculino y femenino, superando la trasnochada ideología de género según la cual las diferencias sexuales resultan de una imposición cultural, sospechosamente masculina, que pretendería someter a la mujer bajo el yugo patriarcal. Para la profesora Calvo no sólo hay que partir de la diferencia entre los sexos; va más allá aún al animar y celebrar esta diversidad como un factor esencial de la riqueza del ser humano. Por ello reivindica una nueva cultura de la complementariedad para que cada uno de los ámbitos de la vida sea enriquecido con las visiones masculinas y femeninas, sin que ninguna de ellas acabe imponiéndose frente a la otra, sino, por el contrario, reciba su influencia.

De una forma más acusada, las diferencias entre hombres y mujeres se observan dentro de las aulas. En la escuela, niños y niñas se comportan, juegan y aprenden de manera diferente. María Calvo lamenta que estas diferencias no reciban una respuesta adecuada en nuestro sistema educativo, que termina imponiendo un tratamiento uniforme. Con ello se perjudica seriamente el desarrollo académico y personal de los alumnos.

El libro, en la línea del célebre ensayo The War Against Boys, de Christina Hoff Sommers (ver Aceprensa 67/06), alerta del enorme fracaso escolar masculino que sufren España y los países de nuestro entorno, consecuencia de la feminización de la escuela y de la falta de comprensión de las necesidades educativas de los varones. El remedio más eficaz sería la introducción de prácticas que, partiendo de las diferencias sexuales, potencien el rendimiento escolar de chicos y chicas. El progreso educativo, para la autora, necesita de una política educativa libre de prejuicios que sea capaz de reconocer los beneficios de la educación diferenciada, como una alternativa legítima para el que la desee y como una solución práctica al fracaso escolar.

María Calvo tiene especial cuidado en la argumentación y ofrece datos y conclusiones de estudios que avalan sus tesis.

FUENTE: Enric Vidal. ACEPRENSA

La Guerra de la Cochinchina

Cuando los españoles conquistaron Vietnam. El subtítulo de esta interesantísima obra, que sorprenderá a más de un lector, revela cuán desconocida es, en ocasiones, nuestra propia historia. Tal y como revela Carlos Seco Serrano en el Prólogo del libro, se trata de “un episodio político y militar escasamente conocido y estudiado hasta ahora, pero que bien merece la minuciosa atención que le ha prestado un gran experto en los temas de historia militar, e ilustre militar él también“, que no puede ser otro que su autor: el General de Ejército Don Luis Alejandre Sintes, quien culminó su brillante carrera profesional como Jefe del Estado Mayor del Ejército.

A esa enorme talla profesional y militar puedo añadir, personalmente, tener el privilegio de haber podido constatar en el autor una no menos imponente calidad humana. El resultado del libro, cuando lo lean, sin duda se lo pondrá de manifiesto.

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La Guerra de la Cochinchina.
Cuando los españoles conquistaron Vietnam.
Luis Alejandre Sintes
Editorial Edhasa, 2006. 512 páginas.

 

Quedan aún en la historia de España episodios a los que no se ha atendido como en justicia merecen, y quizás entre ellos el caso más desmedido sea el que Luís Alejandre Sintes aborda en este riguroso ejercicio de memoria histórica: la expedición a la Cochinchina que, como aliada de la Francia de Napoleón III, emprendió España en 1858.

Al hilo de la ejemplar trayectoria del coronel Carlos Palanca (1819-1876), y atendiendo tanto a fuentes españolas como francesas, Luís Alejandre Sintes analiza los diversos aspectos de una de las mayores aventuras emprendidas por el Ejército español en el exterior: el contexto político, económico y social, el desencuentro -e incluso el choque- entre las instancias políticas, diplomáticas y militares, las relaciones entre las tropas españolas y las francesas, la denodada lucha contra un medio y unas condiciones espantosas, las operaciones bélicas, el coste en vidas y sufrimientos, así como el balance económico…

Luís Alejandre Sintes se enfrenta con valentía y rigor a un episodio de nuestra historia sobre el que a menudo se ha pasado de puntillas, y que pone en evidencia las nefastas consecuencias que en ocasiones tuvo la descoordinación entre el Gobierno y el Ejército, fruto del desconocimiento y la desconfianza, a los que quiso poner fin el buen gobierno de Leopoldo O’Donnell.

Quiénes son y de dónde vienen

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Quiénes son y de dónde vienen

 Mª Encarnación González Rodríguez

Editorial Edice (Conferencia Episcopal Española)

Madrid, 2007.

Preparado por la directora de la Oficina para las Causas de los Santos de la Conferencia Episcopal Española, Mª Encarnación González Rodríguez, el libro Quiénes son y de dónde vienen. 498 mártires del siglo XX en España se articula en dos partes: en la primera de ellas se expone la biografía sintetizada de los 498 próximos beatos –con su correspondiente fotografía– gracias a la labor investigadora de los diversos Postuladores de las Causas, coordinados todos ellos por el P. Ildefonso Moriones Zubillaga, O.C.D., Postulador General del Carmelo Teresiano.

En la segunda parte de la obra se detalla la relación de los 498 mártires con las diócesis de España y con otros países. Se ofrece, además,  una breve reseña bibliográfica sobre la persecución religiosa en España y una serie de índices onomásticos, geográficos, cronológicos y temáticos que posibilitan al lector un acceso a la información más sencillo y eficaz.

Una imprescindible obra para hacer, desde el perdón, un sano y riguroso ejercicio de memoria histórica.