La Conjura de Siboney en Todoliteratura.es

La prestigiosa web de crítica literaria Todoliteratura.es ha publicado una interesante entrevista al autor de la novela La Conjura de Siboney:

 

“Que los protagonistas de la trama sean guardias civiles contribuirá a dar otro aire a la novela que actualmente se lee en España”. Entrevista a Eduardo Martínez.

Eduardo Martínez Viqueira (Pontevedra, 1963) acaba de publicar La Conjura de Siboney, su primera novela, con De Librum Tremens Editores. Realmente se trata de un escritor singular, por cuanto no es habitual encontrarnos a todo un teniente coronel de la Guardia Civil haciendo uso de una ya acreditada pluma en el campo literario y, lo que es más difícil, sacar tiempo del escaso que le resta, tras su absorbente trabajo profesional y las obligaciones familiares (está casado y tiene tres hijos), para sentarse ante el teclado de su ordenador y plasmar sus vivencias, su trabajo de investigación o sus facultades narrativas.                                                
Esta novela no es su primera experiencia literaria: en 2005 había ya publicado Recuerdos de Irak, un interesante ensayo en el que exponía sus experiencias a lo largo de los cuatro meses –entre agosto y diciembre de 2003- que permaneció de misión en Irak; en especial, todo lo relacionado con la seguridad de aquel país en aquellos convulsos momentos y su labor de supervisión de la Policía iraquí; pero donde más ha volcado su conocimiento profesional de la Institución a que pertenece, y que dice “amar profundamente”, es en el Atlas Ilustrado de la Guardia Civil, que acaba de publicar Susaeta, y que pretende ser un completo compendio de carácter divulgativo sobre la historia, organización, uniformes, armamento y cómo ha evolucionado el Cuerpo en el cumplimiento de todas las misiones que tradicionalmente se le han encomendado.

 Pero volvamos a La Conjura de Siboney: una compleja trama policíaca en el ambiente bélico de la Guerra Grande de Cuba, un oficial de la Guardia Civil que recibe el encargo de investigar una serie de asesinatos, una peligrosa organización secreta, y todo ello contado con una pluma muy ágil, que sorprende por su frescura y, al mismo tiempo, la hondura de los diálogos y el rigor de la ambientación histórica.

Pueden seguir leyendo la entrevista aquí.

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Novelas para leer o regalar en Navidad

cd763f022_a1Si se trata de buscar una novela para leer o regalar en Navidad, hay que recordar algunas que destacaron a lo largo del año en medio de un aluvión de títulos. Estas son algunas sugerencias entre novedades y reediciones.

Yoko Ogawa, La fórmula preferida del profesor. Este libro, el más popular de la japonesa Yoko Ogawa (1962), ha sido premiado por diferentes sociedades matemáticas, pues el entusiasmo por las matemáticas forma parte de su argumento. Sin embargo, lo decisivo es la historia en sí misma: a partir de uno de sus trabajos como asistenta, la narradora y su hijo de diez años empezaron una relación muy especial con un anciano profesor de matemáticas que, a consecuencia de un accidente, tenía una autonomía de memoria de ochenta minutos. El mayor gancho está en el talante del profesor. (Funambulista. 299 págs. 13,95 €. Ver Aceprensa, 29-10-2008).

Wallace Stegner, En lugar seguro. Esta novela cuenta la larga amistad entre dos matrimonios de profesores universitarios norteamericanos. Los Lang y los Morgan hacen todo lo posible por salir adelante en medio de unas circunstancias normales, con los problemas y dificultades laborales y familiares que tiene todo el mundo. Escrita por Larry Morgan, profesor y escritor, a pesar de la aparente falta de sustancia, el relato de sus vidas resulta apasionante tanto por la calidad literaria como por las vidas de los protagonistas. (Libros del Asteroide. 392 págs. 21,95 €. Ver Aceprensa, 19-11-2008).

Esther Hautzig, La estepa infinita. Es la primera vez que se traduce al castellano este relato autobiográfico de Esther Hautzig (1930). Publicado hace casi cuarenta años, narra unos capítulos de la historia de una próspera familia judía que poseía una joyería en la población de Vilna (Polonia). La alegre infancia de Esther dio paso a unos años de brutal cambio, cuando en 1941, en plena Segunda Guerra Mundial, las tropas soviéticas penetraron en Polonia. Esther y su familia, acusados de capitalistas, fueron deportados a Siberia, donde vivieron cinco años. En medio de las dificultades, Esther consigue transmitir un saludable y contagioso optimismo. (Salamandra. 256 págs. 16 €. Ver Aceprensa, 19-11-2008).

Fred Chappell, Me voy con vosotros para siempre. Escrita como si se tratase de los recuerdos infantiles del narrador, esta divertida novela cuenta la infancia de Jess en una granja de Carolina del Norte. Allí viven su padre, ocurrente y gamberro, su madre, que ejerce de maestra, y la abuela, que lleva el control de la granja. La última persona que se integra en la vida familiar, es Johnson Gibbs, un adolescente huérfano que contratan como bracero. Jess describe la vida doméstica en la granja, salpicada de desternillantes y ocurrentes anécdotas protagonizadas por sus excéntricos familiares. (Libros del Asteroide. 240 págs. 17,95 €.).

Hitonari Tsuji, El Buda blanco. Obsesionado con la muerte desde niño, Minoru Eguchi siempre se pregunta qué pasa luego con las almas. Por encima de todo, no quiere olvidar a sus antepasados y se le ocurre construir una estatua de Buda con los huesos en polvo de todos los muertos de la isla donde vive. La novela abunda en valores positivos, como son la búsqueda de respuesta a las preguntas clave de la existencia y el amor a la familia. Minoru se enfrenta a estas cuestiones con un armazón cultural extraño para un occidental, y más para un cristiano, pero siempre con una aspiración honesta de buscar la verdad y dar un sentido a su existencia. (Alianza. 347 págs. 20 €. Ver Aceprensa 19-11-2008).

Richard Russo, Puente de los suspiros. Lou Lynch tiene sesenta años, trabaja en Thomaston, está felizmente casado y tiene un hijo. Van a viajar a Venecia y semanas antes decide poner por escrito los recuerdos de su vida hasta los dieciocho años, buscando entender por qué el amigo clave de su vida, Bobby, dejó en ese momento y para siempre Thomaston. Una historia rica y absorbente, sólida y con atractivo en cada una de sus muchas páginas. Una novela dura pero sin morbo, básicamente optimista. (Alfaguara. 687 págs. 23,50 €.).

Daniel Pennac, Mal de escuela. Durante años profesor en institutos, el francés Pennac se hizo famoso con su ensayo Como una novela, donde reflexionaba sobre la lectura entre los adolescentes. En Mal de escuela, desde la perspectiva de su experiencia docente, recuerda su vida como estudiante y muchas anécdotas sobre su trabajo como profesor. Como estudiante, se consideraba un zoquete. Pero su experiencia le ha servido para buscar todo tipo de estrategias con tal de rescatar del pozo a estos alumnos. (Mondadori. 255 págs. 19,50 €. Ver Aceprensa, 12-11-2008).

Betty Smith, Un árbol crece en Brooklyn. La autora se inspiró en su propia vida para contar la vida de la niña Francine desde los diez hasta los dieciséis años en un barrio pobre de Brooklyn en las primeras décadas del siglo XX. Crece leyendo libros que tanto le gustan y que proyectan su vida más allá de la mediocre realidad del entorno. Su familia, con personajes extravagantes y una madre luchadora, intenta abrirse paso ante la adversidad. Esta novela se publicó en 1943 y gozó de mucha popularidad. (Lumen. 505 págs. 21,90 €. Ver Aceprensa, 2-09-2008).

Abraham B. Yehoshúa, Una mujer en Jerusalén. Entre los muertos causados por un terrorista em Jerusalén se encuentra una hermosa y enigmática mujer, Julia Ragayev, cuyo cadáver nadie reclama. Un empleado de la empresa en la que trabaja deberá cargar con el cadáver y devolver a Julia a su pueblo natal, emprendiendo un fatigoso viaje que acabará por sacudir lo más íntimo de su conciencia. Esta novela, simbólica y crítica a un tiempo, refleja con naturalidad una realidad que oscila entre lo cotidiano y lo inverosímil, sorprendiendo al lector. El dramatismo argumental da paso al drama interior de sus personajes, hombres y mujeres sin nombre, con sus miserias, sus vidas truncadas… (Anagrama. 287 págs. 17 €. Ver Aceprensa, 1-10-2008).

Alan Bennett, Una lectora poco común. La Reina de Inglaterra entra casualmente en una biblioteca ambulante y conoce a un lavaplatos de palacio con un libro en la mano. Él no se siente intimidado e inician una relación en la que el joven la va conduciendo hacia el mundo de los libros. Su nueva afición no es bien vista por su entorno. Pero ella lee y lee, consciente de que el tiempo se acaba, y nota cómo la lectura la va transformando en algo muy parecido a un ser humano. (Anagrama. 119 págs. 20 €. Ver Aceprensa, 30-04-2008).

Arto Paasilinna, La dulce envenenadora. La octogenaria Linnea Ravaska, viuda de un coronel, no tiene hijos. El único familiar que le queda es el hijo de la hermana de su marido, Kauko, un joven que ha cruzado la línea del gamberrismo y es un delincuente profesional de poca monta, pero peligroso y totalmente alcoholizado, lo mismo que sus amigos de juergas. Harta de esta situación, planea una sutil venganza, que se le va de las manos. Con un original sentido del humor, hace una divertida y ácida radiografía de la Finlandia actual. (Anagrama. 198 págs. 17 €.).

Louis Hémon, Maria Chapdelaine. Con un estilo sencillo y realista, esta novela narra unos pocos meses en la vida de la joven Maria Chapdelaine, la hija de una familia de colonos canadienses. La mirada del narrador sigue los pequeños avatares en la vida de esta adolescente, y a través de ellos conocemos las costumbres cotidianas de una familia de pioneros. También destaca el elogio de unas gentes sencillas que poseen una firme escala de valores: la religión católica, la familia, la tierra. El protagonismo lo comparten los personajes humanos y una naturaleza agreste y poderosa. (Ediciones del Viento. 168 págs. 16,35 €.).

Henning Mankell, El chino. En este caso Mankell abandona al inspector Wallander y utiliza como protagonista a Brigitta Roslin, una juez que se inmiscuye en la investigación de un horroroso crimen colectivo en el que fueron asesinadas diecinueve personas. La policía sigue la pista de un psicópata, pero ella sospecha que en la trama está implicado un chino. La protagonista es un personaje con algunos problemas personales y familiares interesantes y bien planteados. (Tusquets. 471 págs. 20 €.).

José Jiménez Lozano, Agua de noria. El comisario Valtodano y su ayudante Ledesma afrontan la investigación de un caso de delincuencia que parece sobrepasar toda imaginación posible: la aparición de un anciano intervenido quirúrgicamente de modo ilegal al que han desechado y convertido en “un vegetal seco o una cosa”. Por encima de la anécdota argumental, la novela retrata con agudeza y claridad la desorientación de la sociedad actual que amenaza con pisotear al hombre por el propio hombre. (RBA. 256 págs. 18 €. Ver Aceprensa, 19-11-2008).

G.K. Chesterton, El Padre Brown. Relatos completos. El Padre Brown es un atípico cura detective que, mediante su intuición y su conocimiento de la psicología humana, resuelve intrincados casos de intriga policíaca. En los relatos que protagoniza, Chesterton demuestra su talento literario, su afición a la paradoja, su profundidad inusual, su capacidad para describir tipos y actitudes, y su teoría de que los mejores relatos policiacos son breves, de un solo capítulo, como piezas cerradas y acabadas. Es una buena idea esta edición, en rústica, de todos los casos resueltos por el Padre Brown, que hubiera sido perfecta si los márgenes interiores fueran mayores para que la lectura fuera más cómoda. (Encuentro. 1.054 págs. 18 €.).

Ernestina de Champourcin, Poesía Esencial. Ernestina de Champourcin (1905-1999) es una de las poetas españolas más destacadas del pasado siglo. A raíz del centenario de su nacimiento, se han celebrado diversos actos conmemorativos (congresos, exposiciones…) y se han reeditado algunos de sus libros. Ernestina, una de las voces femeninas de la llamada generación del 27, vivió con pasión y gran seriedad su quehacer poético. El poeta y filólogo Jaime Siles ha realizado un magnífico trabajo de selección, con el que recorre toda su obra. (Fundación Banco de Santander. 290 págs. 20 €. Ver Aceprensa, 29-10-2008).

Sara Paretsky, Golpe de sangre. En 1982 nació el personaje de Victoria Warshawski, una abogada radical, divorciada, treintañera, trabaja en Chicago y suele investigar delitos de guante blanco. Desde esa fecha, Sara Paretsky (Iowa, 1947) ha escrito catorce novelas contando sus casos. Ediciones B recupera una antigua colección de novela negra y el primer título es el cuarto caso de Warshawski. Caroline, antigua amiga de infancia, nunca ha sabido quien fue su padre y le pide que lo averigüe. Esto removerá secretos bien guardados. (Ediciones B. 391 págs. 10 €. Ver Aceprensa, 29-10-2008).

Nathaniel Hawthorne, La casa de los siete tejados. Esta novela cuenta la historia de una casa maldita. A finales del siglo XVII, en Nueva Inglaterra, el coronel Pyncheon, de formación puritana, decide construirse una gran mansión en el lugar donde antes estaba la cabaña de Mathew Maule, que presentan como hombre turbio, y que fue conducido al cadalso a causa de acusaciones de brujería. El coronel, que preside el juicio condenatorio, no puede disimular unas intenciones torcidas, con ánimo de apoderarse del terreno de Maule. El día de la inauguración de la imponente casa, el coronel muere repentinamente. Publicada en 1851, es una de las obras fundacionales de la literatura norteamericana. (Mondadori. 355 págs. 23,90 €. Ver Aceprensa, 29-10-2008).

Michael D. O´Brien, El librero de Varsovia. Tras la adolescencia, los enfrentamientos con su padre y una manifiesta desorientación vital llevan a Pawel Tarnovski a abandonar su hogar. En París conoce la miseria más extrema. Vuelto por fin a Varsovia, recupera parcialmente su fe y pasa a regentar la librería de un tío difunto. Allí, en 1942, da refugio a un adolescente judío. El joven David Schäfer posee una inteligencia poco común y los diálogos que él y Pawel mantienen sobre la religión, la literatura, el arte, etc., durante los seis meses que permanecen allí, en medio de la miseria, el miedo y el frío, serán para ambos un fructífero aprendizaje que acabará decidiendo sus destinos. (Libroslibres. 525 págs. 23 €. Ver Aceprensa, 2-09-2008).

Knud Romer, Quien parpadea teme a la muerte. Esta pequeña novela autobiográfica generó una fuerte polémica a cuenta de la reciente historia de Dinamarca y la dudosa hospitalidad con que el país nórdico recibió a los emigrados alemanes que huían del régimen nazi. Su autor cuenta la historia desventurada de la saga familiar: tres generaciones marcadas sucesivamente por las dos guerras mundiales y finalmente por la incomprensión y la suspicacia dolorosa de los provincianos daneses, que convierten a la madre de Knud y a él mismo en el blanco de sus prejuicios antialemanes. (Minúscula. 208 págs. 15 €. Ver Aceprensa, 1-10-2008).

William Maxwell, Adiós. Hasta mañana. William Maxwell (1908-2000), conocido por su labor como crítico literario y editor en Estados Unidos, fue también un notable escritor. La novela se sitúa en la pequeña localidad de Lincoln (Illinois), a comienzos de la década de los años veinte. El narrador, muchos años después, recrea un suceso que condicionó su infancia, el asesinato del aparcero Lloyd Wilson, uno de sus vecinos, acontecimiento trágico que marcó la vida de Lincoln durante una larga temporada. El narrador no se limita a recordar aquellos hechos. Maxwell se maneja bien en estos registros íntimos y evocadores. (Libros del Asteroide. 176 págs. 15,96 €.).

Ernst Jünger, Sobre los acantilados de mármol. Publicada en Alemania en 1939, esta novela tiene un cierto aroma profético. En ella, Jünger (1895-1998), privilegiado testigo del siglo XX, volcó de manera agónica sus inquietudes existenciales. Los lectores interpretaron el libro como una alegoría sobre el régimen nazi (sus obras fueron prohibidas al poco tiempo). Pero admitir sólo esta lectura sería reducir el alcance significativo de este relato. En ella se cuenta la degradación del país de Marina, asediado por las hordas que proceden de los bosques, dirigidas por el Guardabosques Mayor. Todo se cuenta de manera alegórica, pero con una evidente intencionalidad política. (Tusquets. 220 págs. 16 €. Ver Aceprensa, 29-10-2008).

Varlam Shalámov, Relatos de Kolimá. Shalámov sufrió condena en Siberia desde 1937 a 1953, en la época estalinista. Los Relatos de Kolimá describen, desde su experiencia, la vida en los campos de trabajo soviéticos. Son unos relatos que sobrecogen, como no podía ser de otra manera cuando se asiste al espectáculo de unos hombres privados de todos los derechos (Minúscula. 354 págs. 18,50 €. Ver Aceprensa, 5-03-2008).

Vintila Horia, Dios ha nacido en el exilio. Vintila Horia (1915-1992) nació en Rumanía, pero con la Segunda Guerra Mundial llegó el exilio: primero, en campos de concentración en Alemania; después vivió en Francia y en España, donde se instaló definitivamente. Dios ha nacido en el exilio es el diario del poeta Ovidio (43 a. de C –17 d. de C.) tras ser expulsado de Roma, por orden de Augusto, a los confines del Imperio en la desembocadura del Danubio. La novela no es propiamente un relato histórico sino el retrato psicológico del protagonista, que evoluciona de la desesperación y la añoranza de Roma a la transformación que suponen para él el descubrimiento de otras culturas, la experiencia del sufrimiento y la proximidad de la muerte. (Ciudadela. 254 págs. 23,50 €. Ver Aceprensa, 30-04-2008).

Merçé Rodoreda, La plaza del Diamante. Se cumplen cien años del nacimiento de la que pasa por ser la mejor escritora catalana del siglo XX. La plaza del Diamante es una de las mejores novelas sobre la Guerra Civil española. Tiene como protagonista a Colometa, una sencilla mujer que relata con voz propia una parte de su vida, desde los años 20 hasta la inmediata posguerra. En total, se cuentan treinta años de la vida de una mujer barcelonesa, que explica la realidad desde su peculiar punto de vista: coloquial, lírico, insignificante, doméstico, ingenuo, dramático y lleno de muchos detalles aparentemente intrascendentes. (Edhasa. 503 págs. 24,50 €. Ver Aceprensa, 25-06-2008).

Josep Pla, Vida de Manolo. Junto con El cuaderno gris, su diario, Vida de Manolo es otra de sus obras más valoradas de Josep Pla. La publicó en 1928 y en ella cuenta la vida del escultor Manuel Hugué (1872-1925). Tras una azarosa juventud, Hugué se trasladó a París, donde vivió una bohemia hambrienta, nada estilizada, hasta que consiguió abrirse camino como escultor. En París convivió con Picasso y otros muchos artistas españoles y extranjeros. Tras la Primera Guerra Mundial, regresó a Barcelona. Más que los hechos que se cuentan, interesantes, sobresale la excelente prosa de Pla. (Libros del Asteroide. 168 págs. 16,95 €.).

Mary Cholmondeley, La polilla y la herrumbre. Contemporánea de Henry James, la literatura de la inglesa Mary Cholmondeley (1859-1925) anticipa de alguna manera la descomposición de la aristocracia, tema que abordó con tanto sentido del humor la escritora Nancy Mitford. En La polilla y la herrumbre,la autora centra la narración en Anne y Janet, dos atrayentes mujeres que viven de manera distinta la obsesión por contraer matrimonio. Un desgraciado incidente salpica directamente la vida de Janet y provocará una cadena de desgracias a su alrededor como respuesta a la coherencia y fidelidad de sus promesas. (Periférica. 201págs. 16 €. Ver Aceprensa, 2-09-2008).

Jerzy Andrzejewski, Cenizas y diamantes. En los últimos días de la guerra mundial en Polonia, la acción gira alrededor de la preparación de un asesinato de un comunista idealista, llamado a convertirse en una de las figuras políticas del futuro gobierno. La novela destila autenticidad histórica: la desorientación de los protagonistas, la desmoralización unida a la esperanza, el pasado que se intenta borrar a toda costa, la lucha cotidiana por sobrevivir, se reparten a partes casi iguales entre los distintos bandos. (Alba. 450 págs. 24 €. Ver Aceprensa, 28-05-2008).

Guillermo Martínez, La muerte lenta de Luciana B. Luciana hizo trabajos de mecanografía para un famoso escritor, un tal Kloster. Tras la muerte de varios seres queridos, vive en un estado de angustia al creer que todo forma parte de una siniestra venganza urdida por Kloster. Un narrador anónimo cuenta los hechos. Luciana acusa a Kloster de forma convincente en sus diálogos con el narrador y, después, Kloster se defiende con argumentos implacables ante el mismo personaje. El autor maneja con soltura los mecanismos del equívoco, de forma que cualquiera de las dos versiones puede ser cierta. La novela es una reflexión sobre el poder de la ficción y una parábola sobre el Mal en estado puro. (Destino. 213 págs. 19,50 €. Ver Aceprensa, 5-03-2008).

Willa Cather, Lucy Gayheart. Autora de una importante obra que empieza a redescubrirse ahora en España, Willa Cather (1876-1947) describe en sus obras la vida en Estados Unidos en las primeras décadas del siglo XX. En Lucy Gayheart asistimos a la tragedia de una joven que abandona su localidad natal para ir a estudiar a Chicago. Allí sobrevive dando clases de piano. Y poco a poco, fascinada por la personalidad de un cantante de prestigio, empieza a despegarse de las estrechas miras con las que juzga la vida en su pueblo. La relación, extraña pero intensa, no parece que vaya a acabar bien. (Alba. 221 págs. 18 €. Ver Aceprensa 6-11-2008).

FUENTE: Aceprensa.

El librero de Varsovia

Michael D. O’Brien.Editorial Libroslibres. Madrid (2008). 525 págs.

Si uno hace caso al rótulo de best-seller que luce esta edición, podría pensar que estamos ante una de tantas superficialidades que adornan los escaparates. Resulta, cuando menos, curioso el empeño de la editorial por vender El librero de Varsovia como trepidante saga, intriga o novela de acción, tratándose de una obra que en un noventa por ciento es introspección y diálogo. Se diría que es desconfiar del lector, pues la novela, si no trepida, sí que apasiona.

De lo que no cabe duda es que estamos ante una de las mejores novelas católicas de este tiempo, si por novela católica hay que entender, como se ha sugerido, aquella que narra el combate entre la gracia y el pecado en el seno de uno o varios personajes.

El librero en cuestión es Pawel Tarnovski, tercer hijo de una familia de antiguos aristócratas polacos. En plena adolescencia, Pawel abandona el hogar al sentirse relegado por su padre, que regresa a casa después de largos años de prisión en Rusia, tras la primera guerra mundial. En realidad, ese sentimiento de abandono no hace sino encubrir una desorientación vital que lleva a Pawel a la bohemia artística en París. Allí conoce la miseria más extrema, junto a grandes desengaños y pequeñas iluminaciones.

Vuelto por fin a Varsovia, recupera parcialmente su fe y pasa a regentar la librería de un tío difunto, a la que llama Casa Sofía. Allí, en septiembre de 1942, tiene la oportunidad de dar refugio a un adolescente judío que ha huido del gueto. El joven, David Schäfer, posee una inteligencia poco común, y los diálogos que él y Pawel mantienen sobre la religión, la literatura, el arte, etc., durante los seis meses que permanecen allí, en medio de la miseria, el miedo y el frío, serán para ambos un fructífero aprendizaje que acabará decidiendo sus destinos.

Lo que no acaba de advertir Pawel es que su acto de caridad heroico ha redimido toda una vida de fracaso y servirá para dar a luz otra vida. En el prólogo, Michael O´Brien (que narró un episodio posterior de la vida de David Schäfer en El padre Elías) dice querer mostrar el rostro de Cristo a través de las vidas de sus personajes, y que para verlo hay que tomar distancia, pues “de cerca la imagen se desdibuja”.

Y, en efecto, las crisis, las debilidades, las intemperancias de Pawel Tarnowski, junto a las agudas conversaciones de ambos protagonistas y los pequeños sucesos de su reclusión, velan en apariencia la imagen del grano de trigo que muere y es fecundo, tema principal de esta obra llevada con mano maestra por O´Brien.

El autor acierta al reunir a un típico intelectual del siglo XX, educado en cristiano pero herido por la crisis de la modernidad, y a un judío ortodoxo y celoso con gran curiosidad cultural. Su estructura es también acertada, aunque puede resultar discutible la segunda parte, ocupada por un drama simbólico escrito por Pawel, que da cuenta (conscientemente, imagino) de su torpeza como escritor, al tiempo que de la profundidad de sus inquietudes.

FUENTE: Jesús Sanz en Aceprensa.

Digan lo que digan: sin padre no hay familia

La ausencia del padre es la principal causa del retroceso en el bienestar de los niños. También es un factor crucial para comprender la crisis actual de la familia. Así lo explica el francés Tony Anatrella, experto en psiquiatría social y consultor del Consejo Pontificio para la Familia, en su libro La diferencia prohibida, del que resumimos algunos párrafos.

Tony Anatrella. La diferencia prohibida. Sexualidad, educación y violencia. Encuentro. Madrid (2008). 336 págs. 30 €. T.o.: La différence interdite. Traducción: Lázaro Sanz.

Anatrella advierte que la devaluación de la función paterna tiene consecuencias sobre la estructuración psíquica de los individuos y sobre la sociedad: debilitamiento de la imagen masculina, trastornos de la filiación, aumento de las conductas adictivas, pérdida del sentido de los límites (toxicomanías, bulimia/anorexia, prácticas sexuales reaccionales), dificultades para socializarse, etc.

La sociedad actual valora mucho la figura de la madre. Es verdad que ésta es una fuente de seguridad para el niño, pero la relación de la madre y el hijo necesita completarse con la función paterna. “El padre es el que dice que no (tanto al hijo como a la madre, lo que permite justamente diferenciar a los dos padres), el que introduce la negatividad y el que declara la prohibición, es decir el límite de lo posible”.

La figura del padre es necesaria para el desarrollo psicológico equilibrado de los hijos. El padre es el mediador entre el niño y la realidad; permite al hijo tomar iniciativas, “porque él ocupa una posición de tercero, de compañero de la madre, y no de madre bis”. Gracias a la figura del padre, el bebé aprende a diferenciarse de la madre y a adquirir autonomía psíquica. El niño descubre que él no hace la ley, sino que existe una ley fuera de él.

Gracias a la relación con el padre, el niño y la niña adquieren también su identidad sexual. “La diferencia de sexos encarnada por el padre juega por otra parte un papel de revelación y de confirmación de la identidad sexuada. Tanto la chica como el chico tienen en efecto tendencia, al comienzo, a identificarse con el sexo de la madre, y es el padre, en la medida en que es reconocido por ella, el que va a permitir al hijo situarse sexualmente”.

El padre excluido

¿Por qué se ha impuesto en nuestra sociedad esta idea de la ausencia del padre? Hoy se divulga la figura del padre indigno o incompetente, sostenida por la legislación y estereotipada por los medios de comunicación. “Así, en la mayor parte de los guiones de las series televisivas, es presentado como incapaz de situarse en la relación educativa, de ocuparse de adolescentes, menos todavía de proclamar las exigencias necesarias a la vida en sociedad, incluso de reprender cuando es necesario”.

Muchas mujeres reprochan a los hombres no cumplir con el papel de padre cuando, más o menos conscientemente, ellas se las han arreglado para no dejarles el lugar que les corresponde. “La madre aleja así al padre, con el riesgo de culparlo en un proceso perverso que le permite confirmar su poder y su sentimiento de omnipotencia sobre sus hijos, sobre el hombre y sobre el padre”.

La que está valorada sobre todo es la relación madre/hijo y el padre cree que tiene que ser una segunda madre para hacerse aceptar. Algunos hombres, condicionados por este conformismo, han llegado a identificarse con “el modelo de ‘papás gallinas’, es decir, no un padre, sino más bien un hermano mayor o un tío”.

La ausencia del padre se explica también por la confusión entre procreación y maternidad. Para Anatrella, esta confusión “remite al fantasma femenino de la partenogénesis (es decir, de la fecundación sin macho). La sociedad ha confirmado demasiado fácilmente este fantasma acreditando la idea de que, al no concernir la procreación y la maternidad más que a la mujer, ésta puede educar a un hijo sin padre”.

El desarrollo de los anticonceptivos y la trivialización del aborto han contribuido a sostener esta ilusión de que la mujer domina ella sola la procreación. De aquí ha surgido un eslogan: “Mi cuerpo me pertenece”. Afirmar esto es sobrentender que “la procreación me pertenece”, algo que es muy discutible. “Si la maternidad concierne a la mujer, la procreación es compartida por el hombre y la mujer: no es sólo competencia de la mujer”.

Hijos objeto

Los países occidentales han contribuido a reforzar esta concepción del padre excluido de la procreación. Así ocurre cada vez que se legisla pensando únicamente en “la madre en solitario”. El ejemplo cercano que describe Anatrella es el de las leyes francesas que, en caso de divorcio, hacen depender los derechos del padre de las buenas o malas relaciones que tenga con la madre. Lo mismo ocurre con las decisiones judiciales, al confiar sistemáticamente la custodia del hijo a la madre.

Lo más grave del asunto es que la exclusión del padre penaliza también a los hijos. “¿No se ha creado, al privilegiar los derechos de la madre, una doble categoría de excluidos, por una parte los padres biológicos rechazados, por otra los hijos, propuestos a un padre de sustitución tras otro, o incluso confiados a terceros especializados, ‘hijos-objeto’, ‘hijos-capricho’, ‘hijos-prótesis’, que se ofrecen como valedores?”

La ausencia del padre tiene efectos muy negativos en el desarrollo de los hijos. Según encuestas citadas por Anatrella, en Estados Unidos un niño tiene seis veces más riesgo de crecer en la pobreza y dos veces más de abandonar la escuela si ha sido educado por una madre sola que si pertenece a una familia constituida por dos padres, capaces de ofrecerle puntos de referencia.

La consecuencia última de la ausencia del padre se manifiesta en el aumento de la violencia. Al no llegar a aceptar lo real, por falta del sentido de los límites que debería inculcar el padre, los hijos se rebelan y se multiplican los actos de violencia. Pero la agresividad también se vuelve contra uno mismo y se convierte en autodestrucción.

Repensar la familia

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Para Anatrella, el problema de la ausencia del padre está íntimamente ligado a otro problema más general: el de la desmembración de la familia constituida por un padre y una madre con hijos. “La familia se rompe, en efecto, sobre todo bajo la presión de la pareja actual en la que los individuos, en cuanto tales, no buscan más que su beneficio a través del otro. Se rompe también porque, muy a menudo, omite su papel educativo”.

La crisis de la familia se manifiesta en el descenso de matrimonios y la extensión de las uniones de hecho, la baja fecundidad, la multiplicación de divorcios. Pero tiene una causa más profunda: el problema está en las representaciones sociales de la familia, en la concepción que tenemos de ella.

Para revalorizar la figura del padre, Anatrella propone recuperar el sentido de la familia. Se trata de redescubrir qué significa la experiencia del parentesco y la diferencia de generaciones. Ha de afirmarse que padre y madre son necesarios, que ninguno es más que el otro, que ninguno de ellos es sustituible o canjeable por el otro.

FUENTE: Juan Meseguer Velasco en Aceprensa.

Padres fuertes, hijas felices

Tendemos a pensar que las madres son las principales educadoras de sus hijas, mientras que a los padres les corresponde un papel secundario. Esta distribución de roles olvida que, además de los cuidados y la relación materna, ellas necesitan un padre que les dedique tiempo y atención. Así lo defiende Meg Meeker, pediatra y consejera familiar, en su libro Padres fuertes, hijas felices.

Meg Meeker. Padres fuertes, hijas felices. Ciudadela. Madrid (2008). 248 págs. 21 . T.o.: Strong Fathers, Strong Daughters. Traducción: Mariano Vázquez Alonso.

A los dieciocho años, Ainsley se marchó de casa para estudiar en una prestigiosa universidad americana. Durante el primer curso todo marchó sobre ruedas: hizo muchas amigas y sacó buenas notas. Pero luego la cosa se torció. Empezó a beber demasiado, dejó de asistir a clase y, al final, fue expulsada de la universidad.

Al regresar a casa, su madre se mostró inflexible. “Te has comportado estúpidamente”, le dijo. “Has arrojado tu futuro por la ventana. Has avergonzado a tu familia”. En mitad de la bronca, su padre se acercó a Ainsley y le susurró: “¿Te encuentras bien?” Ella rompió a llorar.

“No se puede imaginar cómo me afectó aquello”, explica Ainsley a la doctora Meeker. “Eso pasó hace treinta años. El amor que siento por mi padre en este momento es algo tan fresco y tan reciente como lo fue entonces (…) Supe que era a mí, y no a los logros que pudiese alcanzar, a quien realmente amaba”.

El caso de Ainsley es uno de los muchos relatos que Meeker ha escuchado en su consulta. Tras veinte años de experiencia clínica, asegura que el padre es la figura más influyente en la vida de sus hijas. Un padre, dice, puede marcar la diferencia.

Un ambiente difícil

Por su experiencia, Meg Meeker señala que las chicas de hoy se encuentran expuestas a más riesgos que las de antes (trastornos alimentarios, enfermedades de transmisión sexual, depresión, fracaso escolar, alcohol, drogas…); y son los padres los únicos que pueden interponerse entre ellas y el ambiente social que las rodea.

“Vogue y Cosmopolitan le dirán a su hija de dieciocho (o de diez) años que su valor e importancia se basan en tener una figura esbelta y un pecho atractivo, en llevar vestidos caros y a la moda y en ser una de esas chicas en las que se fijan los hombres”.

Meeker pide realismo a los padres. El hecho de que sus hijas estudien en un colegio privado o en uno religioso, dice, no las inmuniza contra el ambiente. Entonces, ¿qué se puede hacer? “Sí, es cierto que tanto la televisión como la música, las películas y las revistas ejercen una enorme influencia sobre las chicas, marcando las pautas de lo que deben pensar y vestir (…); pero su influencia no llega ni con mucho a la que puede ejercer un padre”.

Ella necesita un héroe

Después de algunos meses de separación, Doug decidió volver a vivir con su mujer. Durante las primeras vacaciones que pasaron juntos sufrieron un terrible accidente de coche y ella se quedó en coma; al despertar, no recordaba nada. Entonces Doug cambió su plan de vida; se jubiló anticipadamente y se hizo cargo de su mujer y de sus hijas.

Doug es un héroe porque salvó a su familia. Nadie le llega a la suela de los zapatos. Así lo piensa Mindy, su hija mayor: “Quizás otro padre no hubiera sido capaz de hacerlo: despertar cada mañana a una esposa que no te conoce y volver a enseñarle el contenido de veinticinco años de matrimonio. Pero él nunca se rindió”.

Con frecuencia las chicas asignan el papel de héroe a su padre, normalmente sin que él lo sepa. Desde pequeñas piensan que ellos son los más fuertes, los más inteligentes y los más capacitados del mundo. Cuando las hijas crecen se dan cuenta de que, en realidad, sus padres son personas corrientes. Pero no importa: ellas seguirán pensando que son héroes, siempre que ellos vivan con integridad y honradez.

Las chicas esperan que el matrimonio de sus padres dure, aunque esto suponga muchos sacrificios. Si un padre permanece junto a su mujer a pesar de las dificultades, se convertirá en un héroe para su hija. Pero si la abandona, el héroe se derrumba. Es aquí donde entra en juego la fidelidad.

Tiempo y atención

Antes de que Allison ingresara en un centro de rehabilitación, su padre pasó un fin de semana con ella en un camping. No hubo entre ellos conversaciones turbulentas. Ni siquiera hablaron sobre el malhumor de Allison. Se limitaron a hacer caminatas, a cocinar juntos y a leer. Tras regresar a casa, ella se marchó al centro de rehabilitación para una estancia de ocho meses.

“Aquel fin de semana me di cuenta de que él era inquebrantable”, explica Allison. “Por supuesto que tenía que sentirse muy mal; pero vi entonces que, hiciera yo lo que hiciese, nunca podría apartarlo de mi vida. No puede imaginarse el bien que me hizo eso. Naturalmente no quise decírselo entonces. Pero aquellos días de camping lo cambiaron todo. Creo que me salvó la vida”.

La mayoría de los padres se alejan de sus hijas adolescentes pensando que necesitan más libertad y más espacio para desarrollar sus actividades. Frente a este modo de pensar, Meeker recomienda a los padres que pasen tiempo con sus hijas y que les presten atención. “Haga lo que haría naturalmente, como hombre que es: pase más tiempo escuchando que hablando. Si la escucha, ella se sentirá querida”.

La cultura dominante nos ha hecho olvidar que los hombres y las mujeres piensan de forma diferente. Un padre puede ver un partido de fútbol con su hijo, sin decir una palabra, y sentirse los dos a gusto. Pero las hijas no están hechas de la misma pasta. “Esté donde esté, asegúrese de que ella percibe que usted se da cuenta de que está a su lado. Hágale preguntas y escúchela. Las chicas odian sentirse invisibles”.

Atreverse a establecer reglas

En la década de los setenta del siglo XX, el padre fue presentado como una figura autoritaria que pretendía imponer sus normas a una juventud ansiosa de libertad. Hoy en día esta idea ha calado en la mente de muchos padres; temen que si imponen a sus hijas demasiados límites, ellas se rebelarán.

Frente a este planteamiento, Meeker asegura que la autoridad no provoca traumas a las hijas; al contrario, es lo que más les acerca a sus padres y lo que hace que les respeten más. De hecho, las chicas más problemáticas e infelices son las que han tenido padres permisivos.

Algunas de estas chicas acuden a la consulta de Meeker y se quejan de que sus padres nunca se han atrevido a establecer reglas. “Hablan de padres que quisieron evitar a toda costa cualquier tipo de conflicto, y que, por consiguiente, no han querido comprometerse hablando con sus hijas, o enfrentándose a ellas cuando se equivocaban en sus decisiones”.

Meeker considera que los padres tienen que recuperar la confianza en sí mismos y no tener miedo a educar según les dicte el sentido común.

“Permítame que le cuente un secreto sobre las hijas de todas las edades: les gusta presumir de lo duros que son sus padres, no sólo físicamente, sino también de lo estrictos y exigentes que son con ellas. ¿Por qué? Porque esto les permite darse tono sobre lo mucho que ellos las quieren”.

La religión importa

A nadie le extraña que los padres traten de enseñar a sus hijos todo lo que saben de literatura, matemáticas, historia o geografía. Sin embargo, cuando se trata de hablarles sobre Dios, algunos padres optan por escurrir el bulto. Es preferible, piensan, dejarles libres y no imponerles las propias convicciones religiosas.

Este modo de pensar, explica Meeker, no tiene en cuenta un dato básico: que todos los seres humanos tenemos un interés natural por lo religioso.

“Los niños –explica Meeker– siempre quieren saberlo todo sobre Dios. Sus preguntas son intuitivas. Si usted no proporciona una guía a su hija, ella buscará las respuestas por su cuenta; lo que quiere decir que su autoridad quedará suplantada por la de otra persona”.

“Su hija necesita a Dios por dos razones: porque necesita ayuda y porque necesita esperanza. Él le proporciona esa ayuda y le promete que su futuro será mejor”, concluye Meeker.

FUENTE: Juan Meseguer Velasco en Aceprensa.

Iguales pero diferentes

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Iguales pero diferentes

María Calvo Charro

Editorial Almuzara. Córdoba, 2007. 208 págs.

María Calvo, profesora de Derecho Administrativo, trata de demostrar en este ameno ensayo que la igualdad y la diferencia entre hombre y mujer han de ser entendidos como conceptos compatibles si se quiere comprender con profundidad la riqueza del ser humano. Afirmar la dignidad de toda persona no entra en contradicción con el reconocimiento de las diferencias entre los sexos, diferencias que la autora, con gran destreza divulgativa, detalla en su ensayo, recogiendo las últimas aportaciones científicas sobre el tema.

En este sentido, recientes descubrimientos neurológicos han revelado las diferencias biológicas que sustentan el comportamiento masculino y femenino, superando la trasnochada ideología de género según la cual las diferencias sexuales resultan de una imposición cultural, sospechosamente masculina, que pretendería someter a la mujer bajo el yugo patriarcal. Para la profesora Calvo no sólo hay que partir de la diferencia entre los sexos; va más allá aún al animar y celebrar esta diversidad como un factor esencial de la riqueza del ser humano. Por ello reivindica una nueva cultura de la complementariedad para que cada uno de los ámbitos de la vida sea enriquecido con las visiones masculinas y femeninas, sin que ninguna de ellas acabe imponiéndose frente a la otra, sino, por el contrario, reciba su influencia.

De una forma más acusada, las diferencias entre hombres y mujeres se observan dentro de las aulas. En la escuela, niños y niñas se comportan, juegan y aprenden de manera diferente. María Calvo lamenta que estas diferencias no reciban una respuesta adecuada en nuestro sistema educativo, que termina imponiendo un tratamiento uniforme. Con ello se perjudica seriamente el desarrollo académico y personal de los alumnos.

El libro, en la línea del célebre ensayo The War Against Boys, de Christina Hoff Sommers (ver Aceprensa 67/06), alerta del enorme fracaso escolar masculino que sufren España y los países de nuestro entorno, consecuencia de la feminización de la escuela y de la falta de comprensión de las necesidades educativas de los varones. El remedio más eficaz sería la introducción de prácticas que, partiendo de las diferencias sexuales, potencien el rendimiento escolar de chicos y chicas. El progreso educativo, para la autora, necesita de una política educativa libre de prejuicios que sea capaz de reconocer los beneficios de la educación diferenciada, como una alternativa legítima para el que la desee y como una solución práctica al fracaso escolar.

María Calvo tiene especial cuidado en la argumentación y ofrece datos y conclusiones de estudios que avalan sus tesis.

FUENTE: Enric Vidal. ACEPRENSA

El mejor libro de autoayuda de todos los tiempos

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El mejor libro de autoayuda de todos los tiempos
José Ballesteros
Editorial Planeta. 2007. 200 páginas.

 

Frente a la moda de la filosofía oriental, el yoga y los libros de “desarrollo personal”, José Ballesteros, experto en liderazgo, ha recurrido a las enseñanzas de los evangelios para encontrar la clave del éxito. Pero Ballesteros no se refiere con ello a la bonanza económica ni al bienestar material; es más, constata cómo muchos ejecutivos con la vida solucionada nadan en un pozo de insatisfacción. El éxito, para el autor, es más bien la plenitud humana y se encuentra relacionado con el desarrollo de nuestras capacidades y la adquisición paulatina de las virtudes. Es el camino, en definitiva, que propone Jesús.

En el libro se establecen 18 leyes o normas para lograr este éxito, desde aquellas que indican cómo vencer las preocupaciones cotidianas hasta las que convencen al lector del valor del esfuerzo, la perseverancia o el compromiso, todas ellas sacadas de la lectura atenta de los textos evangélicos. Aunque el libro se dirige tanto a los que tienen fe como a los que no creen, lo cierto es que, para Ballesteros, una visión trascendente de la vida ofrece mayores garantías de éxito. Además anima al lector a familiarizarse con la Biblia y propone textos determinados para algunas circunstancias concretas.

FUENTE: José María Carabante. Aceprensa.